Il neuropsicologo Diego Carracedo Sanchidrián offre una guida sulla valutazione neuropsicologica ospedaliera.
La valutazione neuropsicologica ospedaliera è una valutazione cognitiva breve e contestualizzata che viene eseguita durante il ricovero ospedaliero, specialmente nelle persone con fattori di rischio neurologico o età avanzata. Permette di rilevare il deterioramento cognitivo, la sindrome confusionale acuta (delirium) e difficoltà nella presa di decisioni mediche, ottimizzando la sicurezza clinica e la pianificazione della dimissione.
Introducción
Un ingreso hospitalario puede suponer un estresor importante para cualquier persona, ya que implica no solo un estado de salud frágil, sino la pérdida de las rutinas, red social y actividades habituales. Esa situación puede tener impacto emocional, pero también cognitivo, especialmente en personas con vulnerabilidad previa como enfermedades neurológicas, procesos neurodegenerativos, daño cerebral previo o edad avanzada (Escriche-Martínez et al., 2025).
La detección de problemas cognitivos, sean agudos o persistentes, es fundamental, ya que condiciona la capacidad de la persona para comprender información médica, seguir recomendaciones y tomar decisiones importantes sobre su salud. Para ello existen pruebas de cribado neuropsicológico que ayudan a valorar el estado cognitivo y permiten orientar en las adaptaciones necesarias para mejorar la salud de la persona en cuestión (Amaral et al., 2022).
Evaluar y conocer el estado cognitivo es también importante para adaptar la transmisión de información de profesionales y familiares, explicar a estos segundos algunos de los síntomas presentes y formas de afrontamiento de estos y se debe tener en cuenta en el momento del alta en plan de tratamiento y seguimiento. En casos de gran afectación, también aparecen cuestiones éticas y legales que deben estar integradas en la toma de decisiones.
Efectos del ingreso hospitalario en la cognición
Factores que influyen en la cognición durante la hospitalización
Son múltiples los factores que afectan a la cognición en una situación así:
- Para empezar, el estado frágil de salud limita los recursos disponibles para que el cerebro pueda desempeñar con normalidad su funcionamiento. Especialmente en situaciones de mayor gravedad, como problemas cardíacos, pulmonares, infecciones moderadas o severas, procesos oncológicos y también en situaciones con consecuencias traumáticas como accidentes que impliquen quemaduras o niveles elevados de dolor (Amini y Kawser, 2020).
- Para seguir, las intervenciones médicas como una cirugía implican un proceso de recuperación física que también puede mermar la disponibilidad de recursos cognitivos.
- Esto, de la mano de la frecuente polimedicación, que puede incluir fármacos que interfieren en el nivel de activación general y la cognición como hipnóticos, benzodiacepinas, sedantes y analgésicos (Wilson et al., 2020).
Otros factores, que en ocasiones pasan desapercibidos, son la deprivación ambiental y la situación emocional. Una hospitalización muchas veces implica vivir durante semanas e incluso meses en una habitación con poca estimulación, escasa movilidad, condiciones no óptimas para el descanso y contacto social limitado, que disminuyen la activación cognitiva. También son posibles situaciones de miedo, ansiedad, tristeza o insomnio que interfieran de manera intercurrente en los procesos cognitivos (Petty et al., 2020; Walker et al., 2021).
Perfiles de riesgo de deterioro cognitivo durante una hospitalización
Las personas que por sus características y condiciones de salud previas se encuentran en una situación de mayor riesgo para el deterioro cognitivo son especialmente vulnerables durante un ingreso. Es el caso de aquellos que han tenido daño cerebral, como por ejemplo un ictus o un TBI; aquellos que tienen una enfermedad potencialmente neurodegenerativa como esclerosis múltiple, Huntington o párkinson, y quienes tienen ya un proceso de deterioro cognitivo como alzhéimer; y aquellos con problemas graves de salud mental, como psicosis, o si se trata de adultos mayores (Park, Kim y Kim, 2023; Boucher et al., 2025).
De hecho, en algunas ocasiones, es el propio ingreso el acontecimiento que permite la detección de casos de deterioro cognitivo incipiente que estaba siendo desapercibido hasta ese momento; de ahí la importancia de prestar atención al funcionamiento cognitivo de estas poblaciones con factores de riesgo (Emery et al., 2020).
Además, la probabilidad de un síndrome confusional agudo o delirium es mucho mayor en estas personas. El síndrome confusional agudo es una alteración transitoria del estado mental que se caracteriza por un inicio rápido, fluctuaciones del nivel de conciencia con afectación del nivel de atención, orientación y las demás funciones cognitivas. Su probabilidad aumenta cuando hay intervenciones quirúrgicas, medicación e infecciones, y puede ser hipoactivo o hiperactivo. El delirium es un proceso patológico diferente al deterioro cognitivo y su diagnóstico es clínico, debe descartarse antes de interpretar los resultados de una valoración cognitiva (Lange, Verhaak y van der Meer, 2021).

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Herramientas y estrategias de evaluación neuropsicológica hospitalaria
En el contexto hospitalario, una evaluación neuropsicológica no pretende una caracterización exhaustiva del funcionamiento cognitivo, sino una valoración adaptada que permita identificar riesgos, orientar en decisiones clínicas y prevenir complicaciones.
Pruebas breves y adaptadas para pacientes hospitalizados
Las circunstancias de la evaluación neuropsicológica durante una hospitalización son muy particulares, y entrañan limitaciones y condicionantes que hay que considerar:
- En primer lugar, la persona no se encuentra en condiciones óptimas e incluso puede tener limitada su movilidad, capacidad de escribir o incorporarse, además de mayor tendencia a la fatiga por su estado de salud.
- En segundo lugar, el escenario de evaluación tiene distractores que pueden ser importantes, como el compañero de habitación, personal que puede interrumpir, ruidos de aparatos o habitaciones colindantes, etc. y la disposición del espacio de evaluación puede tener también limitaciones.
- En tercer lugar, no suele ser posible acudir con grandes baterías neuropsicológicas y su material a la habitación (Casey et al., 2023).
Por estos motivos, se suelen emplear pruebas de cribado neuropsicológico y/o test a pie de cama, que permitan una tentativa aproximación al estado cognitivo del paciente, suficiente para hacer una valoración inicial y orientar en la toma de decisiones. Los más conocidos son el Mini-Mental State Examination (MMSE) y el Montreal Cognitive Assessment (MoCA). Estas pruebas permiten, en pocos minutos y sin fatigar en exceso, obtener una impresión general del estado cognitivo (Khaw et al., 2021; Harmon y Gillen, 2023).
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Observación funcional y Intervistas estructuradas para familiares
Al igual que en cualquier evaluación neuropsicológica, la observación funcional aporta información tan o más importante como la que se obtiene desde los test. Se debe atender a cómo la persona atiende a nuestras preguntas y cómo se desenvuelve en ese nuevo entorno, (por ejemplo, si reconoce a profesionales u otros pacientes, si recuerda las recomendaciones, si es capaz de realizar las actividades básicas, si se maneja con aparatos como el teléfono móvil o la televisión, etc).
Además, para diferenciar entre un problema cognitivo de nueva aparición o la progresión de un proceso insidioso, es muy útil la información de terceros. A este respecto, los familiares con los que conviven son una fuente muy valiosa de información, ya que pueden informar sobre su estado basal, si presentaba dificultades previas, si notan un cambio llamativo, etc. Para facilitar esta tarea existen Intervistas como el test del informador o IQCODE, que indaga sobre funciones cognitivas básicas como memoria o atención en comparación con 5 o 10 años atrás (Burton et al., 2021).
Coordinamento multidisciplinare
Nell’ambiente ospedaliero esistono altri professionisti che possono anch’essi apportare dal loro ambito di conoscenza informazioni sullo stato cognitivo della persona. Specialmente nel caso di neurologi, geriatri e psichiatri, che dalle loro discipline possono escludere o informare della presenza di marcatori biologici di deterioramento, processi medici o farmacologici che interferiscono con la funzione cognitiva e anche della presenza di psicopatologia grave che incide su funzioni come l’attenzione, la memoria o il linguaggio principalmente (Hshieh et al., 2015; Devlin et al., 2018).
Allo stesso modo, dalla neuropsicologia si fornisce a questi professionisti una valutazione più fine e precisa dello stato cognitivo, ottenendo così una valutazione olistica del suo stato e delle sue capacità (Rice, Bryant e Fisher, 2023).
Raccomandazioni cliniche basate sulla valutazione
Una volta conosciuto lo stato cognitivo della persona valutata, si deve orientare la stessa, i familiari e i professionisti per adottare le misure necessarie a tutelarne il benessere. Nei casi di compromissione lieve, di solito è necessario adattare il linguaggio affinché sia più semplice e diretto, chiarire dubbi, supportare nel processo decisionale.
Si possono inoltre formulare raccomandazioni per una riabilitazione precoce o dopo la dimissione, indirizzando a risorse specializzate e alla fornitura di supporti, soprattutto quando il processo di readattamento alla vita quotidiana può talvolta essere complesso (Chen et al., 2022).
Nei casi di compromissione più severa, è fondamentale coinvolgere la famiglia, monitorare lo stato cognitivo e probabilmente richiedere esami complementari per inquadrare la diagnosi e il processo di deterioramento (Escriche-Martínez et al., 2025).
Spesso è consigliabile fissare un appuntamento per una rivalutazione neuropsicologica più esaustiva e in occasione della dimissione ospedaliera, quando la persona abbia recuperato un contesto più stabile e sia possibile distinguere i deficit transitori dovuti al ricovero da un deterioramento persistente (Kaushik et al., 2024).
Una volta concluso il processo di valutazione neuropsicologica, sia in contesto ospedaliero sia successivamente in ambulatorio, si deve redigere un rapporto per l’interessato e la sua famiglia, e anche per gli altri professionisti, con le conclusioni della valutazione e le raccomandazioni che ne derivano (Rice et al. 2023).
Considerazioni etiche e familiari
Quando si effettua una valutazione neuropsicologica ospedaliera si deve sempre tenere presente se la persona ha la capacità di prendere decisioni, in questo caso riguardo alla sua salute. Pertanto, la valutazione deve anche permetterci di concludere se la persona può comprendere l’informazione, apprezzare come la riguarda, ragionare una decisione logica con tali informazioni ed esprimere la propria opinione e scelta (Simón-Lorda, 2008). Qui entrano in gioco abilità come l’attenzione, il linguaggio, la memoria e le funzioni esecutive. La capacità di prendere decisioni non è dicotomica ed è soggetta momento per momento alla questione concreta sulla quale si deve decidere, che può variare molto, dal decidere se accettare un intervento medico o meno, fino a un trasferimento, una pratica legale, ecc. (Darby e Dickerson, 2017).
Esiste quindi un importante componente etico-legale, in cui si deve rispettare il sistema di valori della persona, considerare la sua storia biografica e i significati e le preferenze, la posizione della famiglia o delle persone che ha designato per queste questioni e ottenere una coerente integrazione con le raccomandazioni mediche esistenti (John, Rowley e Bartlett, 2020).
Si deve sempre rispettare il principio di autonomia della persona, salvo che non vi sia evidente sicurezza che non possa prendere decisioni, nel qual caso si cercherà di fare in modo che possa farlo con supporti o, se possibile, rimandare le decisioni non urgenti fino a quando non si recuperi un livello di funzionamento cognitivo, se prevedibile, che consenta una partecipazione più attiva. In questo senso, la valutazione neuropsicologica contribuisce ad adeguare il grado di supporto necessario senza commettere l’errore di una sovraprotezione o di un paternalismo non necessario (Craigie et al., 2018).
Conclusione
In conclusione, va tenuto presente che un ricovero ospedaliero è una situazione di elevata vulnerabilità cognitiva, specialmente in alcune persone con fattori di rischio. Una valutazione neuropsicologica adattata a tale contesto può rilevare deficit che passerebbero inosservati, migliorare la comunicazione con i professionisti, prevenire complicanze e orientare le raccomandazioni al momento della dimissione.
Integrare la valutazione neuropsicologica durante il percorso ospedaliero consente un’assistenza più sicura, personalizzata e rispettosa delle capacità di ciascuna persona.
Bibliografia
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Domande frequenti sulla valutazione neuropsicologica ospedaliera
1. Cos’è una valutazione neuropsicologica ospedaliera?
Una valutazione neuropsicologica ospedaliera è una valutazione clinica breve e adattata al ricovero che identifica alterazioni cognitive acute o pregresse (attenzione, memoria, orientamento, funzioni esecutive) che possono influire sulla comprensione del trattamento, sulle decisioni mediche e sulla sicurezza della dimissione.
2. Quali sono gli obiettivi clinici della valutazione neuropsicologica ospedaliera?
La valutazione neuropsicologica ospedaliera ha come obiettivo principale l’identificazione di alterazioni cognitive durante il ricovero che possono compromettere la sicurezza clinica, le decisioni mediche e la pianificazione della dimissione.
In particolare, i suoi obiettivi clinici sono:
- Rilevare deterioramento cognitivo acuto o preesistente, specialmente in persone con fattori di rischio neurologico o età avanzata.
- Escludere o identificare il delirio, distinguendolo da un deterioramento neurodegenerativo persistente.
- Valutare la capacità di prendere decisioni sanitarie, esaminando comprensione, ragionamento ed espressione della scelta.
- Adattare la comunicazione clinica, modulando il linguaggio e le raccomandazioni in base al profilo cognitivo dell’utente.
- Prevenire complicanze intraospedaliere, come disorientamento, scarsa aderenza o rischio funzionale.
- Orientare la pianificazione della dimissione e del follow-up, inclusa la necessità di rivalutazione o riabilitazione cognitiva.
- Facilitare il coordinamento multidisciplinare, fornendo informazioni utili a neurologi, geriatri, psichiatri e altri professionisti.
In sintesi, la valutazione neuropsicologica ospedaliera non mira a una caratterizzazione esaustiva, ma a offrire una valutazione clinica strategica che migliori la sicurezza, la personalizzazione dell’assistenza e la continuità assistenziale.
3. In cosa si differenzia una valutazione neuropsicologica ospedaliera da uno studio neuropsicologico completo?
La valutazione ospedaliera è rapida, funzionale e contestuale (al letto del paziente, con affaticamento e distrazioni), orientata a individuare i rischi e guidare le decisioni cliniche. Lo studio completo è esaustivo, viene effettuato in un contesto ambulatoriale stabile e consente una caratterizzazione dettagliata del profilo cognitivo con batterie ampie.
4. Quali test vengono utilizzati in una valutazione cognitiva ospedaliera?
Per la valutazione cognitiva ospedaliera si impiegano strumenti di screening come il Montreal Cognitive Assessment (MoCA) e il Mini-Mental State Examination (MMSE), oltre all’osservazione funzionale e a interviste strutturate come l’IQCODE.
5. Quando deve essere effettuata una valutazione neuropsicologica ospedaliera?
Deve essere eseguita quando si osservano cambiamenti cognitivi durante il ricovero o quando si sospetta che la cognizione possa interferire con il trattamento: disorientamento, deficit di memoria, mancanza di comprensione delle indicazioni, fluttuazioni dell’attenzione, sospetto di delirio, anamnesi neurologica (ictus, TBI, neurodegenerazione) o necessità di valutare la capacità decisionale prima di consensi o decisioni cliniche complesse.
6. Perché è importante escludere il delirio prima di interpretare i risultati di una valutazione cognitiva ospedaliera?
Perché il delirio è una sindrome acuta e fluttuante che altera l’attenzione e la coscienza. Se non viene escluso, può far apparire patologico uno screening cognitivo e generare falsi positivi di deterioramento cognitivo persistente o demenza.
7. La valutazione neuropsicologica ospedaliera aiuta nelle decisioni mediche?
Sì. Permette di stimare se la persona può comprendere le informazioni cliniche, valutare le conseguenze, ragionare sulle alternative ed esprimere una scelta, fornendo elementi di prova per la valutazione della capacità e per l’adattamento dei supporti (comunicazione, accompagnamento, decisioni condivise).
8. La valutazione neuropsicologica deve essere ripetuta dopo la dimissione ospedaliera?
In molti casi sì. Una rivalutazione ambulatoriale, con il paziente stabile e senza fattori acuti del ricovero, aiuta a differenziare alterazioni transitorie (affaticamento, farmaci, delirio risolto) da un deterioramento persistente e permette di pianificare follow-up o riabilitazione cognitiva.
9. In che modo il ricovero influisce sulla cognizione?
Il ricovero può influire sulla cognizione per la combinazione di malattia acuta, polifarmacia, dolore, interruzione del sonno, scarsa stimolazione, stress emotivo e possibili complicanze come il delirio. Nelle persone vulnerabili (età avanzata o patologia neurologica preesistente), il ricovero può provocare un peggioramento transitorio o accelerare un deterioramento preesistente.






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