La neuropsicóloga infantil Paola Díaz Infante explora cómo manejar el hiperenfoque en niños con TDAH, abordando las bases neurocognitivas y ofreciendo estrategias de rehabilitación y claves para su evaluación clínica.
Este artículo explica qué es el hiperenfoque en niños con TDAH, por qué no contradice el diagnóstico y cómo puede evaluarse desde la neuropsicología infantil. Además, presenta estrategias de rehabilitación cognitiva para trabajar la flexibilidad, la autorregulación y el cambio de foco atencional en contextos clínicos, escolares y familiares.
Introducción
En la práctica clínica del neurodesarrollo, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) suele asociarse principalmente a dificultades para mantener la atención. Sin embargo, esta visión resulta, en muchos casos, reduccionista.
Con frecuencia, durante la evaluación neuropsicológica infantil, aparecen perfiles que no encajan del todo con esta idea. Niños que, en ciertos momentos, parecen completamente desconectados del entorno… pero en otros pueden mantenerse concentrados durante largos periodos en actividades muy específicas.
Este término, conocido como hiperenfoque, suele generar dudas importantes en padres y docentes. Es común escuchar preguntas como: “Si puede concentrarse así, ¿realmente tiene un problema de atención?”.
Lejos de contradecir el diagnóstico, el hiperenfoque nos permite entender que en el TDAH la atención no está ausente, sino que se regula de forma inconsistente y altamente dependiente de la motivación (Barkley, 2015; Ashinoff & Abu-Akel, 2021). Esta idea cambia de forma importante la manera en la que evaluamos e intervenimos.
¿Qué es el hiperenfoque en el TDAH infantil? Definición desde la neuropsicología
El hiperenfoque puede definirse como un estado de atención sostenida, intensa y absorbente hacia una actividad altamente motivante, en el cual el niño permanece involucrado durante largos periodos, con escasa respuesta a estímulos externos o demandas del entorno.
Aunque no forma parte de los criterios diagnósticos del TDAH en el DSM-5-TR, sí ha sido ampliamente descrito como una característica frecuente dentro de este perfil (American Psychiatric Association, 2022; Brown, 2013).
Desde una perspectiva neuropsicológica, es importante aclarar que el hiperenfoque no representa una “super capacidad” atencional. Más bien, refleja una dificultad en la regulación del sistema atencional, particularmente en lo que respecta a la flexibilidad cognitiva y al control voluntario del cambio de foco (Brown, 2013).
En otras palabras, no se trata solo de cuánto puede atender un niño, sino de qué tan fácilmente puede dejar de atender algo para dirigir su atención a otra cosa.
Bases neurocognitivas del hiperenfoque en el TDAH infantil
A nivel neurocognitivo, el hiperenfoque se relaciona con el funcionamiento de los circuitos fronto-estriatales, estructuras clave para la regulación de la conducta, la toma de decisiones, la motivación y el control ejecutivo. En el TDAH, estos circuitos pueden presentar diferencias funcionales, especialmente en la modulación dopaminérgica, lo que impacta directamente en los sistemas de recompensa y motivación. En este sentido, la dopamina cumple un papel fundamental en la anticipación del refuerzo, el interés por la tarea y la capacidad para sostener el esfuerzo mental, por lo que las tareas con baja recompensa o poco valor motivacional pueden generar menor activación y mayores dificultades para iniciar o mantener la atención (Volkow et al., 2009).
Por el contrario, cuando una actividad es altamente interesante, novedosa o reforzante, el sistema de recompensa puede activarse con mayor intensidad, facilitando una concentración profunda, aunque también dificultando el cambio de tarea o la interrupción de la actividad. Este patrón es congruente con los modelos motivacionales del TDAH, los cuales proponen que la atención está fuertemente influida por el valor del estímulo y la recompensa percibida, más que únicamente por la voluntad del niño (Sonuga-Barke, 2005).
Así, el hiperenfoque puede entenderse como una especie de “enganche atencional”, en el que la atención queda capturada por una actividad altamente reforzante, mientras que el sistema ejecutivo tiene dificultad para redistribuir los recursos cognitivos hacia otras demandas.
Cómo se manifiesta el hiperenfoque en niños con TDAH
En la vida cotidiana, el hiperenfoque se manifiesta de formas muy claras y, en muchos casos, repetitivas:
- Niños que no responden cuando se les habla porque están completamente inmersos en una actividad;
- dificultad marcada para detener juegos, dispositivos electrónicos o actividades de interés;
- pérdida de noción del tiempo;
- resistencia o malestar ante la interrupción;
- problemas para iniciar nuevas tareas después de estar concentrados.
En consulta, no es raro observar que estas conductas sean interpretadas inicialmente como falta de límites o desobediencia. Sin embargo, desde un enfoque neuropsicológico, se entiende mejor como una dificultad en la regulación del cambio atencional (Barkley, 2015).
La dualidad del hiperenfoque: ¿talento o síntoma limitante?
El hiperenfoque en el TDAH infantil no puede entenderse únicamente como una fortaleza ni exclusivamente como una dificultad. Su impacto depende del contexto, del tipo de actividad y de la capacidad del niño para regular, interrumpir o redirigir su atención.
Cuando aparece en actividades significativas, creativas o altamente motivantes, puede convertirse en un recurso valioso: facilita la concentración profunda, favorece el aprendizaje significativo, incrementa la motivación intrínseca y permite el desarrollo de habilidades específicas. En estos casos, el hiperenfoque puede ser una vía para potenciar intereses, talentos y aprendizajes.
Sin embargo, también puede convertirse en un factor limitante cuando el niño no logra cambiar de actividad, responder a demandas externas o adaptarse a contextos estructurados. En estas situaciones, puede interferir con tareas académicas, generar conflictos familiares o dificultar la transición entre actividades cotidianas.
Por ello, más que clasificar el hiperenfoque como “talento” o como “síntoma”, es más preciso comprenderlo como una manifestación de la autorregulación atencional en el TDAH. Puede ser una fortaleza cuando se acompaña de flexibilidad, funcionalidad y adaptación al contexto; pero puede convertirse en una dificultad cuando limita la autonomía, la convivencia o el cumplimiento de otras demandas. Esta dualidad refleja una característica central del TDAH: no se trata únicamente de un déficit, sino de una forma distinta de autorregulación cognitiva y motivacional (Brown, 2013).
Cuándo el hiperenfoque es una fortaleza en niños con TDAH
El hiperenfoque puede ser funcional cuando se logra integrar dentro de un contexto estructurado.
Por ejemplo:
● cuando se utiliza para fomentar aprendizajes específicos;
● cuando se vincula con intereses del niño;
● cuando se combina con estrategias de regulación externa.
En estos casos, puede convertirse en un punto de entrada muy valioso para la intervención, ya que permite trabajar desde la motivación y no en contra de ella (Diamond, 2013).
Cuando el hiperenfoque se convierte en una dificultad funcional en niños con TDAH
El hiperenfoque adquiere relevancia clínica cuando empieza a interferir con el funcionamiento diario.
Esto ocurre cuando:
● el niño no logra interrumpir una actividad incluso cuando es necesario;
● hay dificultad para seguir rutinas;
● se presentan reacciones emocionales intensas ante cambios;
● se afecta la autonomía en actividades básicas.
Aquí, el problema no es la intensidad de la atención, sino la rigidez del sistema atencional y la dificultad para adaptarse al contexto (Barkley, 2015).
Perfil cognitivo en niños con TDAH caracterizado por la presencia de hiperenfoque
Desde la neurorrehabilitación, el objetivo no es eliminar el hiperenfoque, sino modularlo.
Esto implica trabajar sobre funciones ejecutivas clave:
● flexibilidad cognitiva;
● control inhibitorio;
● planificación;
● regulación emocional.
El entrenamiento en estas funciones permite que el niño no solo pueda concentrarse, sino también regular cuándo cambiar de actividad, lo cual es fundamental para su adaptación diaria (Diamond, 2013).
Implicaciones del hiperenfoque para la evaluación neuropsicológica
El hiperenfoque puede tener un impacto directo en la evaluación.
Algunos niños pueden mostrar un rendimiento adecuado en tareas que les resultan interesantes, mientras que presentan dificultades significativas en otras áreas, generando perfiles inconsistentes (Brown, 2013).
Por ello, es fundamental:
● observar el comportamiento durante la evaluación;
● analizar la variabilidad del rendimiento;
● integrar información de diferentes contextos.
En la práctica clínica, esto suele generar confusión, ya que el niño puede parecer competente en ciertos momentos, pero con dificultades claras en su funcionamiento cotidiano.
Cómo intervenir el hiperenfoque en niños con TDAH desde la rehabilitación cognitiva
La intervención del hiperenfoque en niños con TDAH no busca eliminar esta capacidad, sino ayudar al niño a regularla de manera funcional. Desde la rehabilitación cognitiva, el objetivo principal es mejorar la flexibilidad del sistema atencional, es decir, la capacidad para iniciar, sostener, interrumpir y redirigir la atención según las demandas del contexto.
Esto es especialmente importante porque el TDAH se asocia con dificultades en la autorregulación, el control ejecutivo y la gestión del tiempo, funciones necesarias para organizar la conducta hacia metas y adaptarse a los cambios del entorno (Barkley, 1997; Dawson & Guare, 2010).
Algunas estrategias útiles incluyen la anticipación de cambios, el uso de temporizadores, los apoyos visuales, la estructuración de rutinas y el refuerzo positivo ante las transiciones. Estas herramientas funcionan como apoyos externos que ayudan al niño a regular procesos que todavía no logra manejar de manera completamente autónoma.
Por ejemplo, si un niño entra en hiperenfoque mientras juega con bloques, dibuja o utiliza una tableta, el adulto puede anticipar la transición diciendo: “En cinco minutos vamos a guardar y después pasamos a la siguiente actividad”. Esta indicación puede acompañarse de un temporizador visual o auditivo. Cuando falten dos minutos, se puede dar una segunda señal: “Te quedan dos minutos para terminar tu construcción”. Finalmente, al concluir el tiempo, se guía la transición con una instrucción breve y concreta: “Ahora guardamos los bloques y elegimos la siguiente actividad”.
También puede utilizarse una secuencia visual con imágenes del tipo: primero juego con bloques → después guardo → luego hago actividad de mesa. Este tipo de apoyo reduce la incertidumbre, facilita la comprensión del cambio y disminuye la resistencia ante la interrupción de una actividad altamente motivante.
El refuerzo positivo es clave durante este proceso. No se trata solo de reforzar que el niño “obedezca”, sino de reconocer específicamente el esfuerzo de cambiar de foco atencional. Por ejemplo: “Sé que querías seguir jugando, pero lograste parar y pasar a la siguiente actividad. Eso es flexibilidad”. Este tipo de retroalimentación ayuda a que el niño identifique la habilidad que está desarrollando y no solo la conducta esperada.
Un aspecto fundamental es trabajar desde los intereses del niño, utilizándolos como punto de entrada para ampliar su repertorio conductual. Si el niño muestra un interés intenso por dinosaurios, planetas, trenes o videojuegos, estos temas pueden emplearse para introducir actividades menos preferidas. Por ejemplo, si le cuesta escribir, se puede pedir que redacte una breve “misión espacial”; si le cuesta resolver problemas matemáticos, se pueden presentar como retos relacionados con su tema de interés. De esta manera, el interés no se elimina, sino que se usa como un puente para desarrollar nuevas habilidades.
En este sentido, la intervención debe buscar un equilibrio: aprovechar el potencial motivacional del hiperenfoque, pero enseñar al niño a salir de él, cambiar de actividad y responder a otras demandas del entorno. Así, el hiperenfoque puede convertirse en una herramienta de aprendizaje cuando se acompaña de estructura, anticipación y entrenamiento en flexibilidad cognitiva.
Conclusión
El hiperenfoque permite entender que el TDAH no es simplemente un problema de atención, sino de regulación atencional dependiente de la motivación (Sonuga-Barke, 2005).
Son niños que pueden concentrarse profundamente, pero que necesitan apoyo para regular el inicio y el cambio del foco atencional.
Comprender este fenómeno no solo mejora la evaluación clínica, sino que permite diseñar intervenciones más ajustadas, centradas en la autorregulación y en la adaptación funcional del niño a su entorno.
Bibliografía
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.
- Ashinoff, B. K., & Abu-Akel, A. (2021). Hyperfocus: The forgotten frontier of attention. Psychological Research, 85(1), 1–19. https://doi.org/10.1007/s00426-019-01245-8
- Barkley, R. A. (1997). Behavioral inhibition, sustained attention, and executive functions: Constructing a unifying theory of ADHD. Psychological Bulletin, 121(1), 65–94.
- Barkley, R. A. (2015). Attention-deficit hyperactivity disorder: A handbook for diagnosis and treatment (4th ed.). Guilford Press.
- Brown, T. E. (2013). A new understanding of ADHD in children and adults: Executive function impairments. Routledge.
- Dawson, P., & Guare, R. (2010). Executive Skills in Children and Adolescents: A Practical Guide to Assessment and Intervention (2nd ed.). Guilford Press
- Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-113011-143750
- Sonuga-Barke, E. J. S. (2005). Causal models of attention-deficit/hyperactivity disorder: From common simple deficits to multiple developmental pathways. Biological Psychiatry, 57(11), 1231–1238. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2004.09.008
- Volkow, N. D., Wang, G. J., Kollins, S. H., Wigal, T. L., Newcorn, J. H., Telang, F., Fowler, J. S., Zhu, W., Logan, J., Ma, Y., & Swanson, J. M. (2009). Evaluating dopamine reward pathway in ADHD: Clinical implications. JAMA, 302(10), 1084–1091. https://doi.org/10.1001/jama.2009.1308
Preguntas frecuentes sobre el hiperenfoque en niños con TDAH?
1. ¿Qué es el hiperenfoque en niños con TDAH?
El hiperenfoque es un estado de concentración intensa y absorbente hacia una actividad altamente motivante. En niños con TDAH, no significa que no existan dificultades atencionales, sino que la atención puede regularse de forma inconsistente y depender mucho del interés o la recompensa de la tarea.
2. ¿El hiperenfoque significa que un niño no tiene TDAH?
No. El hiperenfoque no contradice el diagnóstico de TDAH. Puede indicar que el niño logra concentrarse profundamente en ciertas actividades, pero tiene dificultades para cambiar de tarea, interrumpir la actividad o dirigir su atención hacia demandas menos motivantes.
3. ¿Por qué un niño con TDAH puede concentrarse durante mucho tiempo en algo que le gusta?
Porque las actividades novedosas, interesantes o reforzantes pueden activar con mayor intensidad los sistemas de motivación y recompensa. Esto facilita una concentración profunda, pero también puede dificultar la transición hacia otras tareas.
4. ¿Cómo se manifiesta el hiperenfoque en niños con TDAH?
El hiperenfoque puede manifestarse como dificultad para responder cuando se les habla, problemas para detener juegos o dispositivos electrónicos, pérdida de noción del tiempo, resistencia ante interrupciones y dificultad para iniciar nuevas tareas después de estar concentrados.











Alteraciones del sueño y rendimiento ejecutivo en trastornos del neurodesarrollo infantil: evaluación clínica e implicaciones para la intervención neuropsicológica
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