Sandra Fonz Bujalance, terapeuta ocupacional, aborda la estrecha relación entre las alteraciones del sueño y el rendimiento ejecutivo en niños con trastornos del neurodesarrollo como autismo y TDAH.
Analizamos la arquitectura del sueño y su impacto en la maduración de las redes prefrontales, detallando los perfiles clínicos específicos en TDAH, autismo y trastornos del lenguaje. Te ofrecemos claves para el diagnóstico diferencial y protocolos de evaluación mediante herramientas como la batería NEPSY-II, integrando intervenciones basadas en terapia cognitivo-conductual e higiene del sueño. Es una guía técnica esencial para optimizar la precisión diagnóstica y la eficacia terapéutica en la neurorrehabilitación infantil.
¿Por qué el sueño es una variable crítica en la evaluación neuropsicológica infantil?
El sueño es una actividad biológica cotidiana que adquiere especial relevancia en el desarrollo infantil, ya que sus alteraciones pueden impactar significativamente en el funcionamiento cognitivo, conductual y la participación diaria.
En neuropsicología infantil, tanto los problemas de sueño como las dificultades en funciones ejecutivas (generalmente asociadas a problemas conductuales y/o desempeño escolar) son motivos de consulta comunes en los trastornos del neurodesarrollo. Sin embargo, es fundamental contemplar que ambas variables están estrechamente relacionadas y se retroalimentan, por lo que se deben evaluar de forma conjunta para evitar interpretaciones sesgadas y tenerse en consideración a la hora de interpretar los resultados.
El sueño actúa como una variable moduladora del rendimiento cognitivo, afectando especialmente a procesos ejecutivos como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y la velocidad de procesamiento (Waters y Bucks, 2011).
Bases neurobiológicas del sueño y su impacto en las funciones ejecutivas en la infancia
La arquitectura del sueño varía desde un estado pre-sueño en la etapa fetal temprana hasta que alcanza a los 3 años la arquitectura del sueño adulto según la maduración del Sistema Nervioso Central (SNC). Se distinguen dos grandes fases: el sueño No REM (NREM), que incluye el sueño de ondas lentas y cumple un papel fundamental en la restauración fisiológica, y el sueño REM (Rapid Eye Movements), caracterizado por una intensa actividad cortical (Falup-Pecurariu et al., 2021).
Sueño y desarrollo de las redes del lóbulo prefrontal
Durante el sueño se ponen en marcha procesos neuroquímicos y neurofisiológicos esenciales para la estructura, el metabolismo y la función de los lóbulos frontales. Estos procesos incluyen mecanismos de plasticidad sináptica, regulación de neurotransmisores y reorganización de redes neuronales. En la infancia, todos esos procesos son relevantes para la maduración de las redes prefrontales implicadas en la planificación, el control inhibitorio y la regulación emocional.
Consolidación de memoria, control inhibitorio y regulación emocional
Durante el sueño NREM, se produce la reactivación de circuitos hipocampales que favorecen la consolidación de la memoria declarativa. Por su parte, el sueño REM facilita la integración y reorganización de la información almacenada en vigilia en redes corticales más amplias, contribuyendo al aprendizaje emocional y procedimental (Landmann et al., 2014).
Privación del sueño y alteraciones en redes ejecutivas
La falta de sueño afecta significativamente a las capacidades cognitivas y por consiguiente al funcionamiento en la vida diaria.
La privación de sueño se asocia a una disminución de la actividad en la corteza prefrontal dorsolateral y orbitofrontal, lo que explica el deterioro en la toma de decisiones, el control inhibitorio y la regulación emocional observado en niños y adolescentes con sueño insuficiente; además de un nivel de arousal bajo que no responde de igual forma ante los estímulos del entorno (Angulo, 2025).
Fenotipo del sueño y principales trastornos del neurodesarrollo
En el estudio de Robinson-Shelton y Maslow (2016) se ha encontrado evidencia acerca de que los trastornos del sueño suelen aparecer como comorbilidad de alguno de los principales trastornos del neurodesarrollo en la infancia. Sin embargo, también esta afectación del estado fisiológico puede incrementar la sintomatología del propio trastorno del neurodesarrollo. Esta situación se ve también afectada por los tratamientos farmacológicos primarios que pueden exacerbar y/o generar alteraciones del sueño.
Alteraciones del sueño en TDAH: latencia, retraso de fase y despertares nocturnos
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) presenta alta comorbilidad con los trastornos del sueño debido a que comparten mecanismos neurobiológicos relacionados con un retraso en el inicio de la secreción nocturna de melatonina:
Lo más frecuente es el incremento de los despertares nocturnos (más de dos durante la noche), el despertar precoz y una disminución de la cantidad total de sueño. También es habitual la dificultad de conciliación del sueño.
Son niños que suelen permanecer más tiempo en la cama pero el sueño real es menos eficiente. Además, presentan más movimientos en etapas del sueño superficial con piernas inquietas. Es habitual la inestabilidad en los ritmos circadianos que conlleva una mayor somnolencia diurna (Arboledas et al., 2014).
Otras asociaciones respecto al sueño en esta población son los ronquidos y la enuresis (Domínguez-Ortega y de Vicente-Colomina, 2006).
Alteraciones del sueño en autismo: ritmo circadiano y secreción de melatonina
En los niños con trastorno del espectro autista (TEA) suele ser habitual retrasos en el inicio del sueño (latencia del sueño) de más de 30 minutos por noche y/o frecuentes despertares nocturnos prolongados incluso que conllevan ya el despertar.
Estas anomalías se relacionan con el sueño REM y posible disfunción de las vías monoaminérgicas excitadoras junto a un ritmo retrasado en la liberación de la melatonina (deficiencia común de la dopamina y/o ferritina) y menor producción de esta que se relacionaría con los despertares nocturnos. Se debe considerar también como variable implicada en el sueño la desregulación sensorial (Iannizzotto et al., 2013).
Alteraciones del sueño en trastornos específicos del lenguaje
Es frecuente encontrar evidencia sobre alteraciones del sueño en trastornos del neurodesarrollo, pero no concretamente en el TEL. Sin embargo, estudios recientes manifiestan una afectación del sueño en este diagnóstico que puede correlacionarse con la sintomatología clínica de estos niños. Parece que presentan frecuencias más rápidas en el sueño NREM, usos no adecuados, mayor número de movimientos corporales y un mayor índice de arousal (Andújar, 2017).
Alteraciones del sueño en discapacidad intelectual
En discapacidad intelectual las alteraciones del sueño más frecuentes son las de conciliación y mantenimiento del sueño, despertares precoces y somnolencia diurna con un desajuste de las fases. En síndromes que cursan con discapacidad intelectual como Prader-Willi o síndrome de Down la apnea del sueño es un trastorno frecuente (Nieto del Rincón, 2017).
Cómo integrar el análisis del sueño en la valoración neuropsicológica infantil
Herramientas de evaluación neuropsicológica del sueño
La evaluación neuropsicológica en la infancia es un proceso multimétodo y que requiere de diversos informantes: la familia y el propio niño. Puede valorarse como una variable independiente pero debería ser tenida en cuenta para valorar de forma real el rendimiento cognitivo (Pérez-Jara y Ruiz, 2022).
Como primer paso, es imprescindible revisar la historia clínica y completar la entrevista con los padres y/o tutores para conocer rutinas de sueño, cambios conductuales etc. Asimismo, debe adaptarse el canal comunicativo al niño para recoger también sus percepciones. Pueden requerirse estudios complementarios como la polisomnografía.
La evaluación debe combinar la observación clínica, escalas estandarizadas y pruebas neuropsicológicas. Entre los instrumentos más habituales se encuentran: el Cuestionario de hábitos de sueño de Owens (CHSO), la Encuesta de Hábitos de Sueño Infantil (CSHQ), Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI) o Escala de Somnolencia de Epworth para niños y adolescentes (ESS-CHAD). La evaluación cognitiva NEPSY-II es una opción muy válida puesto que mide las funciones ejecutivas y otros procesos cognitivos para vincularlos con alteraciones del sueño.
No debe pasarse por alto la evaluación emocional puesto que puede ser una causa y/o una consecuencia de las alteraciones del sueño y afectación de las funciones cognitivas, especialmente en el contexto de los trastornos del neurodesarrollo, donde existe una estrecha interrelación entre la regulación emocional, los patrones de sueño y el rendimiento cognitivo.
En condiciones como el TDAH o el trastorno del espectro autista, las dificultades en la autorregulación emocional pueden exacerbar los problemas de sueño, lo que a su vez impacta negativamente en la atención, la memoria y las funciones ejecutivas, generando un círculo bidireccional de afectación que debe ser abordado de forma integral.
Diagnóstico diferencial: déficit ejecutivo o privación del sueño
Es un reto discriminar si el déficit ejecutivo es debido a un trastorno ejecutivo o si está siendo modulado por una alteración del sueño. Suelen cursar con conductas similares: dificultades atencionales, inhibición y control de impulsos afectado, disminución de la velocidad de procesamiento, desregulación emocional y baja tolerancia a la frustración.
Para lograr un diagnóstico diferencial se debe indagar en la cantidad y calidad del sueño, somnolencia durante el día, efectos secundarios de fármacos y otros trastornos que pudieran estar repercutiendo en el sueño.
Implicaciones para la intervención neuropsicológica: optimizar funciones ejecutivas a través del abordaje del sueño
El abordaje del sueño no debe considerarse un elemento accesorio en la intervención neuropsicológica infantil, sino un objetivo terapéutico prioritario y transversal, especialmente en población con trastornos del neurodesarrollo. La evidencia indica que la mejora en la calidad y cantidad del sueño puede producir cambios significativos en el rendimiento ejecutivo, la regulación emocional y la conducta adaptativa.
Estrategias de intervención cognitivo-conductual en problemas de sueño
Los programas de intervención multimodal basados en terapia cognitivo-conductual (TCC) constituyen una línea de tratamiento de primera elección para el abordaje del sueño en la infancia.
Estos programas incluyen:
- Higiene del sueño estructurada. Establecimiento de rutinas regulares y predecibles de anticipación del sueño. Eliminación de pantallas antes de dormir, control de variables ambientales y evitar sueños diurnos.
- Dentro de las técnicas conductuales, extinción gradual y/o controlada en los despertares nocturnos, refuerzo positivo (por ejemplo, con economía de fichas) por cumplimento de rutinas y exposición progresiva a dormir solos.
- A nivel cognitivo, se proponen técnicas de relajación adaptadas a la edad, entrenamiento en autoconocimiento corporal y estrategias de reducción cognitiva previo al sueño (Ma, Shi y Deng, 2018).
Neurorrehabilitación infantil en problemas de sueño
A través del trabajo de las funciones ejecutivas, concretamente en la planificación, se puede lograr el establecimiento de rutinas que mejoren la higiene del sueño. También con el objetivo de reducir la desorganización de las rutinas y lograr patrones y horarios de sueño más estables que faciliten los ciclos del sueño (Oropeza-Bahena et al., 2019).
Asimismo, la intervención sobre la atención resulta clave, ya que las dificultades atencionales suelen verse agravadas por la fatiga diurna derivada de un descanso insuficiente o de baja calidad. Esta fatiga impacta directamente en el rendimiento cognitivo, especialmente en tareas que requieren atención sostenida y control inhibitorio, generando un círculo de retroalimentación negativa entre sueño y funcionamiento cotidiano.
En población infantil, esto puede observarse, por ejemplo, en niños que presentan mayor irritabilidad, dificultad para mantener la atención en el aula, incremento de la impulsividad o menor tolerancia a la frustración tras noches de sueño inadecuado. Del mismo modo, la fatiga puede manifestarse como aparente hiperactividad o desconexión, lo que puede confundirse con sintomatología propia de trastornos del neurodesarrollo.
Desde este enfoque, el entrenamiento en autorregulación e inhibición permitirá un mayor autocontrol de factores que interfieren en el sueño, como el uso de pantallas antes de dormir. En este sentido, la evidencia señala que la exposición a dispositivos electrónicos en horario nocturno se asocia con una peor calidad del sueño, mayor latencia de inicio y reducción de su duración, debido tanto a la estimulación cognitiva como a la emisión de luz azul que interfiere en los ritmos circadianos (Hale y Guan, 2015).
Psicoeducación familiar
Las familias deben implicarse en la intervención para que el tratamiento sea más efectivo; por lo que se debe intervenir en su entrenamiento a través de la psicoeducación.
Es necesario ofrecer una psicoeducación basada en evidencia acerca de los trastornos del sueño, sus repercusiones en el funcionamiento cognitivo, conductual y emocional, y las estrategias más eficaces para intervenir desde el entorno familiar.
Deben ser instruidos en estrategias conductuales para aplicar de forma adecuada los reforzadores, manejar resistencias nocturnas y establecer límites consistentes.
Asimismo, es fundamental crear un espacio de confianza donde puedan expresar preocupaciones, frustraciones y temores. La alteración crónica del sueño infantil suele impactar en la salud física y emocional de los cuidadores, por lo que resulta pertinente incluir estrategias de autocuidado, regulación emocional y afrontamiento del estrés parental (Ogundele y Yemula, 2022).
Conclusiones del sueño como modulador transversal del rendimiento ejecutivo en trastornos del neurodesarrollo infantil
El sueño constituye un modulador neurobiológico esencial del rendimiento ejecutivo y el funcionamiento diario en la infancia. Influye directamente en procesos como la atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la regulación emocional (Adams et al., 2001).
En los trastornos del neurodesarrollo, las alteraciones del sueño no solo aparecen con alta frecuencia como comorbilidad, sino que pueden intensificar la sintomatología nuclear y distorsionar la interpretación del perfil neuropsicológico. La privación o fragmentación del sueño puede simular o exacerbar déficits ejecutivos, generando cuadros clínicos más complejos y aumentando el impacto funcional en el ámbito académico, familiar y social.
Por ello, la evaluación neuropsicológica infantil debe integrar de forma sistemática el análisis del patrón de sueño como variable moduladora del rendimiento cognitivo. Ignorar esta dimensión puede conducir a diagnósticos sobredimensionados o a intervenciones menos eficaces.
Desde una perspectiva terapéutica, intervenir sobre el sueño no implica únicamente mejorar el descanso nocturno, sino optimizar las condiciones neurofisiológicas necesarias para el aprendizaje, la autorregulación y el desarrollo cerebral. El abordaje interdisciplinar implica la colaboración de profesionales como el neuropsicólogo, psicólogo clínico, neuropediatra o neurólogo, pediatra, terapeuta ocupacional, logopeda y profesionales del ámbito educativo y social. Junto a la psicoeducación familiar y la intervención cognitivo-conductual en problemas de sueño, son pilares fundamentales dentro de una intervención neuropsicológica integral.
En definitiva, comprender el sueño como un eje transversal permite diseñar intervenciones más ajustadas, eficaces y sostenibles, favoreciendo un desarrollo cognitivo y emocional más adaptativo en niños con trastornos del neurodesarrollo.
Bibliografía
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Preguntas frecuentes sobre alteraciones del sueño y rendimiento ejecutivo en trastornos del neurodesarrollo infantil
1. ¿Por qué el sueño es una variable crítica en la evaluación neuropsicológica infantil?
El sueño es un modulador esencial del rendimiento cognitivo. Sus alteraciones impactan directamente en la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y la velocidad de procesamiento. En la práctica clínica, evaluar el sueño es fundamental para evitar interpretaciones sesgadas de los perfiles cognitivos, ya que los problemas de descanso y las dificultades ejecutivas suelen retroalimentarse.
2. ¿Cómo impacta la privación de sueño en la neurobiología del lóbulo prefrontal?
Durante el sueño se activan procesos neuroquímicos cruciales para la estructura y metabolismo de los lóbulos frontales. La privación de sueño reduce la actividad en la corteza prefrontal dorsolateral y orbitofrontal. Esto explica el deterioro en la toma de decisiones, el control inhibitorio y la regulación emocional observado en niños con descanso insuficiente.
3. ¿Cómo realizar un diagnóstico diferencial entre déficit ejecutivo primario y falta de sueño?
Diferenciar ambos cuadros es un reto porque comparten síntomas como dificultades atencionales, impulsividad, desregulación emocional y baja tolerancia a la frustración. Para un diagnóstico preciso, el profesional debe:
- Analizar la calidad y cantidad real del sueño del paciente.
- Evaluar la presencia de somnolencia diurna y fatiga.
- Identificar efectos secundarios de tratamientos farmacológicos que puedan exacerbar alteraciones del sueño.
- Observar si la sintomatología (como la aparente hiperactividad) se agrava tras noches de descanso inadecuado.
4. ¿Cuáles son las alteraciones del sueño más frecuentes en el TDAH?
El TDAH presenta una alta comorbilidad con trastornos del sueño debido a mecanismos compartidos, como el retraso en la secreción nocturna de melatonina. Los patrones típicos incluyen:
- Aumento de los despertares nocturnos y despertar precoz.
- Dificultad de conciliación o latencia de sueño aumentada.
- Inestabilidad en los ritmos circadianos y mayor somnolencia diurna.
- Presencia de movimientos en etapas superficiales del sueño, como el síndrome de piernas inquietas.
5. ¿Qué perfil de sueño presentan los niños con autismo?
En el autismo, las alteraciones suelen vincularse con una menor producción de melatonina y disfunciones en las vías monoaminérgicas. El perfil clínico suele mostrar:
- Retrasos en el inicio del sueño de más de 30 minutos.
- Frecuentes despertares nocturnos prolongados.
- Interferencia de la desregulación sensorial en el mantenimiento del sueño.
6. ¿Qué herramientas de evaluación se recomiendan en la práctica clínica?
La evaluación debe ser un proceso multimétodo que combine la entrevista clínica con instrumentos estandarizados:
- Cuestionarios: El Cuestionario de Owens (CHSO), la Encuesta de Hábitos de Sueño Infantil (CSHQ) y el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh (PSQI).
- Baterías cognitivas: La NEPSY-II es especialmente válida para vincular procesos ejecutivos con las alteraciones del sueño detectadas.
- Estudios objetivos: En ciertos casos se requiere la derivación para realizar una polisomnografía.
7. ¿Cuáles son los pilares de la intervención neuropsicológica sobre el sueño?
El abordaje del sueño debe ser un objetivo terapéutico prioritario y transversal. Los pilares fundamentales incluyen:
- Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): Implementación de higiene del sueño, rutinas predecibles y técnicas de relajación adaptadas.
- Neurorrehabilitación: Entrenamiento en planificación y autorregulación para mejorar los hábitos diarios y el control del uso de pantallas.
- Psicoeducación Familiar: Instrucción a los cuidadores sobre el impacto del sueño en la conducta y estrategias de manejo de resistencias nocturnas.







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