El neuropsicólogo Salus Corpas Molina, presenta cuáles son los errores más comunes al iniciar la práctica clínica en neuropsicología y cómo pueden evitarse.
Introducción
Empezar a trabajar como neuropsicólogo clínico suele implicar una mezcla de entusiasmo e inseguridad. De repente, dejamos los casos ordenados de los manuales y nos encontramos con pacientes con daño cerebral, enfermedades neurodegenerativas, trastornos psiquiátricos y familias desbordadas. En ese contexto, es común cometer algunos errores al inicio que pueden desgastar al profesional y reducen el impacto de la intervención. En las siguientes líneas se revisan algunos de los fallos más habituales al comenzar en neuropsicología clínica y se proponen maneras concretas de evitarlos.
10 errores más comunes al iniciar la práctica clínica en neuropsicología
1. Usar baterías fijas en la evaluación neuropsicológica en lugar de razonamiento clínico
Uno de los primeros tropiezos consiste en pensar que hacer neuropsicología es aplicar siempre la misma batería a todo el mundo. Al inicio, el profesional puede sentirse más seguro con un protocolo cerrado, pero una batería rígida suele alargar innecesariamente la evaluación, fatigar al paciente y generar datos poco relevantes para la consulta real. Las guías de la American Academy of Clinical Neuropsychology (AACN) recuerdan que la evaluación debe ser flexible y guiada por hipótesis, no por costumbre (AACN, 2007).
El cambio de enfoque implica abordar cada caso desde una pregunta bien delimitada: qué hay que responder y para quién. No es lo mismo valorar si una persona está en condiciones de volver a trabajar, que discriminar entre depresión y deterioro neurodegenerativo. A partir de esa demanda se formulan hipótesis (por ejemplo, sospecha de síndrome disejecutivo tras un traumatismo craneoencefálico) y se seleccionan un conjunto limitado de pruebas realmente informativas, combinando exploración de dominios básicos con test más específicos (Cicerone et al., 2000). La clave es que los test se eligen en función del caso, y no al revés.
2. Interpretar puntuaciones sin vincular el perfil cognitivo a la vida diaria del paciente
Otro error habitual en la práctica clínica en neuropsicología es quedarse atrapado en las puntuaciones. El informe termina convertido en una sucesión de percentiles y desviaciones típicas, mientras la vida real del paciente apenas aparece. Sin embargo, los trabajos sobre rehabilitación cognitiva insisten en que el foco debe estar en la función y la participación, es decir, en lo que la persona puede o no puede hacer en su contexto (Cappa et al., 2005; Cicerone et al., 2019; Ramos-Galarza & Obregón, 2025).
Para evitar dicha desconexión, la entrevista clínica y funcional tiene que ocupar un lugar central. Importa saber cómo era el paciente antes, qué ha cambiado, qué tareas se han vuelto imposibles o muy lentas, qué responsabilidades ha tenido que delegar. A partir de ahí, las puntuaciones se leen como un lenguaje que traduce esas dificultades: un fallo en memoria episódica verbal deja de ser una cifra y se concreta en no recordar las tomas de medicación o repetir las mismas preguntas, lo cual tiene implicaciones directas en seguridad, autonomía y carga del cuidador. Incluir cuestionarios de funcionamiento basados en la Clasificación Internacional del Funcionamiento (CIF) nos ayuda a anclar el perfil cognitivo a la realidad cotidiana (Cicerone et al., 2019).
3. Subestimar la dimensión emocional y psiquiátrica en la práctica clínica neuropsicológica
Muchos pacientes acuden a consulta con una combinación de factores: lesión cerebral, síntomas ansioso-depresivos, dolor crónico, problemas de sueño, conflictos familiares. Es fácil caer en dos simplificaciones: atribuir todo a “lo neurológico” o, al contrario, reducirlo a “es ansiedad”. Los modelos más integradores de neurorrehabilitación señalan que la intervención eficaz combina trabajo cognitivo y abordaje emocional, entendiendo al paciente como una unidad integral, en la que existe una interconexión dinámica entre los aspectos biológicos, psicológicos, sociales y ambientales (García-Molina & Prigatano, 2022; Cicerone et al., 2011; Ramos-Galarza & Obregón, 2025).
En la práctica clínica conviene incorporar sistemáticamente alguna medida de depresión, ansiedad o estrés postraumático, observar la variabilidad del esfuerzo en sesión, y revisar variables médicas como dolor, fatiga o efectos secundarios farmacológicos. Un rendimiento inestable, una marcada evitación de tareas o una hipersensibilidad ante el error pueden ser señales de que el malestar emocional está interfiriendo. Coordinarse con psiquiatría y psicología clínica permite que tratamientos psicofarmacológicos y psicoterapéuticos actúen como potenciadores de la rehabilitación cognitiva (Ramos-Galarza & Obregón, 2025).
4. Realizar diagnósticos neuropsicológicos apresurados y sobreinterpretar los test
Cuando se empieza, existe la tentación de dar respuestas rápidas y categóricas: “es TDAH”, “es demencia”, “no hay secuelas”; el riesgo está en sobredimensionar una prueba aislada y olvidar aspectos básicos de interpretación, como la fiabilidad, la validez y la tasa de falsos positivos. Si se aplican muchos test, es esperable que alguno de ellos resulte bajo incluso en personas sanas, algo que la AACN (2007) subraya de forma explícita.
Los trabajos de Cicerone y colaboradores insisten en leer siempre patrones de desempeño, no ítems sueltos (Cicerone et al., 2005, 2011). Importa comprobar si varias tareas que exigen el mismo proceso fallan de forma convergente, si el rendimiento encaja con la historia clínica y la observación conductual, y si existen factores que expliquen hallazgos atípicos (fatiga, bajo nivel educativo, idioma, motivación). Además, en procesos evolutivos como el deterioro cognitivo leve, la prudencia diagnóstica y el seguimiento longitudinal suelen ser más útiles que la etiqueta rápida (Cicerone et al., 2011, 2019).
5. Redactar informes neuropsicológicos extensos pero poco útiles para la intervención
El informe neuropsicológico es una de las principales herramientas de comunicación con el equipo y la familia. Sin embargo, un error frecuente es convertirlo en un documento muy largo, con muchas tablas y terminología técnica, pero poco accionable. En este caso, el lector puede terminar con la sensación de que se han generado muchos resultados a partir de las pruebas, sin entender qué hacer con la información.
Para que el informe sea realmente clínico:
- Conviene abrir con un resumen inicial breve en el que se indique el motivo de consulta, los hallazgos esenciales a nivel cualitativo y cuantitativo, y las conclusiones principales (AACN, 2007).
- En el cuerpo del texto, las puntuaciones se pueden agrupar por dominios, indicando si el rendimiento es adecuado para su edad y escolaridad, y vinculando cada resultado con consecuencias funcionales en las actividades de la vida diaria: manejo de la medicación, conducción, manejo del dinero, seguridad en el hogar, etc.
- Las recomendaciones deberían presentarse de forma jerarquizada, señalando qué requiere intervención prioritaria, qué conviene vigilar y qué derivaciones son aconsejables (Cicerone et al., 2000, 2019).
- Un buen criterio es que cualquier profesional del equipo, tras leer dos páginas, pueda responder a la pregunta: “y ahora, ¿qué hacemos?”.
6. Plantear programas de rehabilitación cognitiva basados solo en ejercicios
Otra trampa clásica es reducir la rehabilitación a un conjunto de fichas o ejercicios digitales. Desde fuera parece que se está trabajando mucho, pero si no hay objetivos bien definidos y estrategias generalizables, la mejoría se queda encerrada en la tarea. Las revisiones sobre rehabilitación cognitiva muestran mejores resultados cuando se combina el entrenamiento de procesos concretos con estrategias compensatorias y objetivos funcionales claros (Cicerone et al., 2000, 2005, 2011, 2019; Cappa et al., 2005).
Eso implica formular objetivos tipo “en ocho semanas, la persona será capaz de organizar de forma autónoma dos citas médicas al mes” y diseñar sesiones que trabajen atención, memoria o funciones ejecutivas al servicio de esa meta. Pueden utilizarse ejercicios de papel y lápiz, programas informáticos o plataformas digitales, pero siempre conectados con actividades significativas para la persona: preparar la compra, gestionar un calendario, manejar dinero en situaciones simuladas. A la vez, se introducen ayudas externas (alarmas, agendas visuales, sistemas de organización en el hogar) y se revisa periódicamente si estos cambios se traducen en mejoras observables en la vida cotidiana (Cicerone et al., 2019; Ramos-Galarza & Obregón, 2025).
7. Trabajar en aislamiento en lugar de integrarse en el equipo de neurorrehabilitación
En muchos dispositivos, el neuropsicólogo empieza ocupando una especie de lugar periférico: se le llama “para pasar test” cuando hace falta un informe. Esta posición aislada favorece errores tanto de sobrecarga como de falta de coordinación. Las guías europeas sobre rehabilitación cognitiva recalcan que la neuropsicología debe estar plenamente integrada en los programas de neurorrehabilitación, compartiendo objetivos con neurología, fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional y trabajo social, puesto que el trabajo en un área favorece al resto (Cappa et al., 2005; Cicerone et al., 2011).
En el día a día esto supone participar en reuniones clínicas, proponer objetivos transversales (por ejemplo, trabajar atención y doble tarea durante las sesiones de marcha), consensuar estrategias de manejo conductual o de comunicación con la familia y utilizar indicadores de seguimiento comunes. De este modo el neuropsicólogo deja de ser “el de los test” para convertirse en un enlace entre el perfil cognitivo y las intervenciones del resto del equipo, lo que aumenta tanto la eficacia terapéutica como la visibilidad profesional.
8. No incorporar guías clínicas y literatura actualizada en neuropsicología
Es comprensible que en los primeros años pese más “lo que se hace en mi centro” o “lo que me explicaron en el máster”. El problema aparece cuando esa práctica no se contrasta con las guías y revisiones que se han ido publicando. Hoy disponemos de documentos de referencia tanto para la evaluación como para la rehabilitación, que conviene conocer al menos de forma general (AACN, 2007; Cappa et al., 2005; Cicerone et al., 2000, 2005, 2011, 2019; García-Molina & Prigatano, 2022; Ramos-Galarza & Obregón, 2025; Ramos-Galarza & Gaibor, 2025).
Un hábito razonable consiste en reservar, por ejemplo, una hora al mes para revisar un artículo de revisión o una guía clínica y preguntarse si alguna recomendación concreta puede aplicarse al propio contexto de trabajo. También ayuda compartir lecturas en el equipo, para que las decisiones de cambio de protocolo no dependan solo de una persona. Esta actualización periódica no se trata de seguir modas, sino de recalibrar la práctica y evitar que las rutinas se alejen de lo que mejor funciona según los datos disponibles.
9. No respetar los límites éticos y de competencia profesional en neuropsicología
Aceptar todos los casos que llegan puede parecer, al inicio, una obligación moral o una forma de demostrar competencia. Sin embargo, asumir casos periciales complejos, evaluaciones en idiomas que el profesional no domina o perfiles clínicos habituales y más excepcionales para los que aún no se tiene suficiente experiencia, sin supervisión, puede suponer un riesgo tanto para el paciente como para el propio neuropsicólogo. Las guías de la AACN recuerdan la importancia de trabajar dentro de los límites de la propia competencia y de explicitar las limitaciones de la evaluación (AACN, 2007).
Esto incluye detallar en el informe si se han usado intérpretes, si el idioma del paciente no coincide con la estandarización de los test, o si la situación médico-legal exige cautela al interpretar resultados. En el consentimiento informado conviene explicar qué puede aportar la evaluación y qué no, quién leerá el informe y cómo se almacenarán los datos. Cuando el caso supera claramente la experiencia del profesional, la opción más responsable suele ser derivar o solicitar supervisión. Lejos de ser un signo de debilidad, esta actitud refuerza la confianza del entorno sanitario en la seriedad del trabajo neuropsicológico.
10. Olvidar el autocuidado profesional
Por último, un error silencioso pero frecuente en la práctica clínica en neuropsicología: descuidar el propio bienestar. La neurorrehabilitación expone a historias duras, progresos lentos, recaídas y límites que no siempre se pueden superar. Sin espacios de apoyo y reflexión, la combinación de altas demandas y expectativas irreales facilita la aparición de fatiga por compasión y burnout (García-Molina & Prigatano, 2022; Ramos-Galarza & Gaibor, 2025).
Cuidar la salud mental del profesional pasa por aceptar que no todo es modificable, celebrar los pequeños cambios funcionales, compartir los casos difíciles con colegas, participar en supervisiones y poner límites razonables a la disponibilidad fuera de horario. Esta perspectiva no es solo una cuestión de bienestar individual: los equipos que se cuidan tienden a sostener mejor programas de rehabilitación intensivos y prolongados, lo que redunda directamente en la calidad de la atención brindada.
Conclusión
Cometer errores al iniciar la práctica en neuropsicología es inevitable; repetirlos sin analizarlos, no. Revisar con calma la forma en que evaluamos, informamos, intervenimos, nos coordinamos y nos cuidamos permite pasar de una práctica defensiva, centrada en “no equivocarse”, a una neuropsicología clínica más útil para los pacientes y más sostenible para el profesional. En el fondo, se trata de algo sencillo de enunciar y complejo de sostener: que cada decisión desde el test que elegimos hasta la recomendación que redactamos tenga sentido para la persona concreta que tenemos delante.
Bibliografía
- American Academy of Clinical Neuropsychology, Board of Directors. (2007). American Academy of Clinical Neuropsychology (AACN) practice guidelines for neuropsychological assessment and consultation. The Clinical Neuropsychologist, 21(2), 209–231. https://doi.org/10.1080/13825580601025932
- Cappa, S. F., Benke, T., Clarke, S., Rossi, B., Stemmer, B., & van Heugten, C. M. (2005). EFNS guidelines on cognitive rehabilitation: Report of an EFNS Task Force. European Journal of Neurology, 12(9), 665–680. https://doi.org/10.1111/j.1468-1331.2005.01330.x
- Cicerone, K. D., Dahlberg, C., Kalmar, K., Langenbahn, D. M., Malec, J. F., Bergquist, T. F., Felicetti, T., Giacino, J. T., Harley, J. P., Harrington, D. E., Herzog, J., Kneipp, S., Laatsch, L., & Morse, P. A. (2000). Evidence-based cognitive rehabilitation: Recommendations for clinical practice. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 81(12), 1596–1615. https://doi.org/10.1053/apmr.2000.19240
- Cicerone, K. D., Dahlberg, C., Malec, J. F., Langenbahn, D. M., Felicetti, T., Kneipp, S., Ellmo, W., Kalmar, K., Giacino, J. T., Harley, J. P., Laatsch, L., Morse, P. A., & Catanese, J. (2005). Evidence-based cognitive rehabilitation: Updated review of the literature from 1998 through 2002. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 86(8), 1681–1692. https://doi.org/10.1016/j.apmr.2005.03.024
- Cicerone, K. D., Langenbahn, D. M., Braden, C., Malec, J. F., Kalmar, K., Fraas, M., Felicetti, T., Azulay, J., Cantor, J., & Ashman, T. (2011). Evidence-based cognitive rehabilitation: Updated review of the literature from 2003 through 2008. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 92(4), 519–530. https://doi.org/10.1016/j.apmr.2010.11.015
- Cicerone, K. D., Goldin, Y., Ganci, K., Rosenbaum, A., Wethe, J. V., Langenbahn, D. M., Malec, J. F., Bergquist, T. F., Kingsley, K., Nagele, D., Trexler, L., Fraas, M., Bogdanova, Y., & Harley, J. P. (2019). Evidence-based cognitive rehabilitation: Systematic review of the literature from 2009 through 2014. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 100(8), 1515–1533. https://doi.org/10.1016/j.apmr.2019.02.011
- García-Molina, A., & Prigatano, G. P. (2022). George P. Prigatano’s contributions to neuropsychological rehabilitation and clinical neuropsychology: A 50-year perspective. Frontiers in Psychology, 13, 963287. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.963287
- Ramos-Galarza, C., & Gaibor, J. (2025). Clinical perspectives on neuropsychological rehabilitation: Challenges, expectations, and family involvement. Frontiers in Human Neuroscience, 19, 1581304. https://doi.org/10.3389/fnhum.2025.1581304
- Ramos-Galarza, C., & Obregón, J. (2025). Neuropsychological rehabilitation for traumatic brain injury: A systematic review. Journal of Clinical Medicine, 14(4), 1287. https://doi.org/10.3390/jcm14041287
Preguntas frecuentes sobre la práctica clínica en neuropsicología
1. ¿Qué errores son comunes al empezar en neuropsicología clínica?
Al iniciar, suelen aparecer errores en evaluación, interpretación, diagnóstico, informes, intervención, coordinación y autocuidado. Estos fallos pueden desgastar al profesional y reducir el impacto de la intervención si no se revisan y corrigen con criterios clínicos y evidencia disponible.
2. ¿Por qué evitar baterías fijas en evaluación neuropsicológica?
Aplicar siempre la misma batería puede alargar la evaluación, fatigar al usuario y aportar datos poco relevantes. Se recomienda una evaluación flexible, guiada por hipótesis y una demanda clínica concreta, seleccionando pruebas informativas para el caso en lugar de protocolos rígidos.
3. ¿Cómo vincular resultados neuropsicológicos con la vida diaria?
Las puntuaciones deben interpretarse junto con entrevista clínica y funcional, describiendo cambios previos y actuales y consecuencias en actividades de la vida diaria. El objetivo es traducir el perfil cognitivo a implicaciones de seguridad, autonomía y participación, no solo a percentiles.
4. ¿Qué riesgos tiene sobreinterpretar test y diagnosticar rápido?
Diagnosticar de forma apresurada puede amplificar falsos positivos y conclusiones erróneas, especialmente con muchas pruebas. Se recomienda interpretar patrones convergentes, considerar validez y factores como fatiga, educación, idioma o motivación, y priorizar seguimiento longitudinal en procesos evolutivos.
5. ¿Cómo redactar informes neuropsicológicos breves y accionables?
Un informe útil incluye un resumen inicial con motivo de consulta, hallazgos esenciales y conclusiones, agrupa resultados por dominios y los conecta con consecuencias funcionales. Las recomendaciones deben presentarse jerarquizadas, indicando prioridades, aspectos a vigilar y derivaciones cuando proceda.
6. ¿Cómo prevenir burnout y límites éticos en neuropsicología?
Se recomienda trabajar dentro de la competencia, explicitar limitaciones (idioma, intérpretes, contexto médico-legal) y buscar supervisión o derivar si el caso lo supera. Para prevenir fatiga por compasión y burnout, ayudan límites razonables, el apoyo de otros profesionales de la neuropsicología y espacios de supervisión.







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