Valeria Medina, neuropsicóloga de NeuronUP, explora cómo las adicciones afectan al cerebro y la cognición, y cómo la neurorrehabilitación ayuda a prevenir recaídas.
Introducción
Las adicciones representan uno de los desafíos clínicos y sociales más complejos de la actualidad. Comprenderlas exige una mirada amplia que abarque la biología, la conducta, el contexto y la cognición. Hoy sabemos que la adicción no es un fallo moral ni un problema de voluntad, sino una condición médica crónica que altera sistemas cerebrales implicados en el aprendizaje, la motivación, la toma de decisiones y el control de impulsos, produciendo un ciclo de consumo que se vuelve cada vez más difícil de detener. Esta visión integradora está respaldada por años de investigación neurobiológica, clínica y cognitiva, como señalan Gould (2010) y las propuestas neuropsicobiológicas consolidadas por el Surgeon General’s Report (2016).
Qué es una adicción y cuándo se consideran un trastorno por uso de sustancias (TUS)
La adicción o trastorno por uso de sustancias se caracteriza por un patrón de consumo que la persona no puede controlar a pesar de sus efectos negativos en la salud, el bienestar, la vida social o el funcionamiento laboral. La pérdida progresiva de control, el craving persistente y la continuidad del consumo pese al daño reflejan que la conducta ya no responde solo a la elección voluntaria, sino a cambios profundos en los circuitos cerebrales que guían el comportamiento (Mayo Clinic Staff, 2025).
Los síntomas más comunes incluyen la búsqueda repetida de la sustancia, el incremento de la dosis para obtener los mismos efectos, el abandono de actividades significativas y la aparición de síndrome de abstinencia cuando se intenta detener el consumo. Este cuadro clínico se alinea con los modelos contemporáneos que describen la adicción como un trastorno del aprendizaje mal adaptado, en el que los estímulos relacionados con la droga adquieren un valor motivacional excesivo y desproporcionado, generando una sensación de urgencia difícil de resistir (Gould, 2010).
No todas las personas que consumen sustancias desarrollan una adicción. Como explican George y Koob (2017), influyen factores genéticos, experiencias tempranas, vulnerabilidades emocionales, estrés crónico y disponibilidad de sustancias. Además, el uso durante la adolescencia, etapa en la que el cerebro aún no ha madurado los sistemas de control y autorregulación, aumenta notablemente el riesgo (Surgeon General’s Report, 2016).
La neurobiología de las adicciones: cómo afecta el consumo de sustancias al cerebro
Desde una perspectiva neurobiológica, la adicción se asienta sobre modificaciones funcionales y estructurales en tres grandes sistemas: los circuitos de recompensa, los sistemas de estrés y los mecanismos de control ejecutivo. Estas áreas forman un engranaje que, cuando se altera, facilita que el ciclo adictivo se repita y se intensifique.
Las sustancias activan de manera intensa el sistema dopaminérgico del estriado ventral, especialmente el núcleo accumbens, lo que genera una sensación de recompensa muy superior a la que producen los reforzadores naturales. Con el tiempo se producen neuroadaptaciones que hacen menos sensible el sistema de recompensa a los estímulos habituales, contribuyendo a la apatía y la pérdida de interés por actividades no relacionadas con el consumo (Surgeon General’s Report). Esto explica por qué muchas personas describen una vida que se estrecha progresivamente alrededor de la sustancia.
El sistema de estrés, localizado principalmente en la amígdala, incrementa su reactividad con el consumo prolongado. Esta hiperactivación potencia emociones como ansiedad, irritabilidad y malestar durante la abstinencia, intensificando la urgencia por consumir para aliviar esos estados aversivos. George y Koob (2017) señalan que esta transición desde el refuerzo positivo al refuerzo negativo es uno de los hitos centrales del paso hacia la adicción crónica.
Además, el consumo continuado afecta a la corteza prefrontal, que está implicada en procesos de autorregulación, planificación y toma de decisiones. Como describen Perry y Lawrence (2017), el deterioro en funciones ejecutivas favorece decisiones impulsivas, baja capacidad para anticipar consecuencias y mayor dificultad para inhibir la respuesta automática de consumo. Estas alteraciones explican tanto la pérdida de control como la vulnerabilidad a las recaídas.
Dificultades cognitivas asociadas a la adicción y su impacto funcional
Las adicciones generan un impacto profundo y persistente en la cognición. Estos cambios no son secundarios, sino parte central del propio trastorno, ya que afectan la capacidad de autocontrol, la toma de decisiones y la regulación emocional, y aumentan de forma significativa el riesgo de recaída. La evidencia muestra que estas alteraciones pueden aparecer durante el consumo activo y mantenerse incluso tras periodos prolongados de abstinencia (Gould, 2010; Perry y Lawrence, 2017).
Las funciones ejecutivas y la toma de decisiones por uso de sustancias
Las funciones ejecutivas son especialmente vulnerables. Alteraciones en el córtex prefrontal y en los circuitos frontoestriatales reducen la capacidad de planificar, inhibir impulsos y evaluar riesgos. Como describen George y Koob (2017), esta disfunción ejecutiva convierte decisiones cotidianas en desafíos, favoreciendo respuestas automáticas asociadas al consumo y dificultando resistir estímulos desencadenantes. La memoria de trabajo y la capacidad de aprender nuevas estrategias de afrontamiento también resultan afectadas. Las personas presentan más dificultades para retener información relevante, seguir pautas terapéuticas y actualizar contenidos internos necesarios para sostener el cambio conductual (Verdejo-García et al., 2019). Esto impacta directamente en la adherencia al tratamiento.
La atención también se ve comprometida. Existe una menor capacidad para mantener la concentración durante tareas prolongadas y un sesgo atencional muy marcado hacia señales relacionadas con la sustancia, lo que puede activar craving incluso en ausencia de intención de consumir (Gould, 2010). Este “secuestro atencional” es uno de los mecanismos que más contribuye a la vulnerabilidad a recaídas.
Otros procesos con dificultades incluyen la flexibilidad cognitiva y la toma de decisiones. Perry y Lawrence (2017) describen que la rigidez cognitiva y el sesgo hacia recompensas inmediatas llevan a persistir en conductas dañinas incluso cuando la persona reconoce las consecuencias negativas. Esta sensibilidad reforzada hacia lo inmediato está estrechamente relacionada con las alteraciones del córtex orbitofrontal y del estriado.
Finalmente, estas dificultades cognitivas afectan la regulación emocional. Un prefrontal más desconectado y una amígdala hiperreactiva favorecen respuestas desbordadas ante el estrés, aumentando la probabilidad de recurrir a la sustancia como forma de alivio rápido (George y Koob, 2017).
En conjunto, estas dificultades no solo deterioran la vida diaria, sino que condicionan la eficacia del tratamiento. La literatura indica que la presencia de dificultades ejecutivas y atencionales se asocia con menor adherencia terapéutica y mayor riesgo de recaída, lo que subraya la necesidad de integrar la rehabilitación cognitiva como un componente esencial dentro del abordaje clínico (Perry y Lawrence, 2017; Sampedro-Piquero et al., 2019).
Patología dual: adicciones y trastornos mentales asociados
Una parte significativa de las personas con adicciones presenta otros trastornos mentales de forma simultánea. Esta coexistencia, conocida como patología dual (o dual disorder), implica que la adicción y el trastorno mental interactúan, se retroalimentan y complican la evolución clínica. Szerman et al. (2022) enfatizan que la patología dual no debe entenderse como dos problemas separados, sino como una condición integrada, con mecanismos neurobiológicos y conductuales compartidos.
Los trastornos depresivos, de ansiedad, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad y los trastornos traumáticos se encuentran entre los más frecuentes. Muchas personas consumen como forma de aliviar síntomas emocionales, lo que genera un alivio temporal pero a largo plazo empeora tanto el malestar psicológico como el consumo. La intervención debe considerar siempre ambos componentes, ya que tratar solo la adicción o solo el trastorno mental reduce notablemente la eficacia terapéutica.
Tratamiento del trastorno por uso de sustancias: más allá de la abstinencia
El tratamiento de las adicciones se concibe hoy como un proceso integral que combina intervenciones médicas, psicológicas, sociales y cognitivas. Ninguna intervención aislada es suficiente, porque la adicción afecta al cuerpo, al cerebro, a las relaciones y a la identidad. Según el Surgeon General’s Report (2016), los abordajes más eficaces combinan terapia psicológica basada en la evidencia, medicación cuando está indicada y programas de apoyo continuado:
- La psicoterapia cognitivo-conductual ayuda a identificar patrones de consumo, manejar emociones difíciles y desarrollar estrategias para resolver problemas sin recurrir a la sustancia.
- En algunos casos, los tratamientos farmacológicos contribuyen a reducir el craving o a estabilizar síntomas asociados.
- La participación en redes de apoyo o grupos terapéuticos favorece la adherencia y reduce el aislamiento.
Como señalan Semaan y Khan (2025), la clave está en un enfoque flexible que adapte los objetivos y métodos a las necesidades individuales y evolucione con el tiempo.
Neurorrehabilitación cognitiva en adicciones: beneficios clínicos y prevención de recaídas
La neurorrehabilitación cognitiva es un pilar central en el tratamiento de las adicciones porque aborda directamente las dificultades cognitivas que sostienen el consumo.
Evaluación neuropsicológica en personas con adicciones
Para que sea realmente efectiva, el proceso debe comenzar con una evaluación neuropsicológica exhaustiva, dado que los perfiles de afectación varían ampliamente entre las personas con adicciones, dependiendo del contexto de cada persona y la droga de consumo. Esta evaluación permite identificar qué funciones están alteradas, cuáles son las fortalezas y qué áreas deben priorizarse en la intervención (Verdejo-García et al., 2019). Sin este análisis inicial, el riesgo es aplicar programas genéricos que no responden a las necesidades reales de cada persona.
Rehabilitación cognitiva en personas con adicciones
La base de la rehabilitación es la neuroplasticidad. A pesar del impacto del consumo crónico, el cerebro conserva capacidad de reorganización, por lo que un entrenamiento adecuado puede fortalecer redes afectadas como las frontoestriatales y el córtex prefrontal (Gould, 2010). La intervención se centra especialmente en atención, memoria de trabajo, flexibilidad cognitiva y toma de decisiones, funciones esenciales para regular impulsos, valorar consecuencias y manejar situaciones de riesgo. Mejorarlas permite romper el círculo en el que la afectación cognitiva favorece el consumo y el consumo deteriora aún más estas funciones (Perry y Lawrence, 2017). Un objetivo igualmente importante es reducir la reactividad ante estímulos asociados a la sustancia.
Beneficios de la neurorrehabilitación en personas con adicciones
El fortalecimiento del control prefrontal ayuda a modular las respuestas automáticas del sistema motivacional, restaurando el equilibrio entre impulso y autorregulación y aumentando la capacidad para resistir craving y situaciones de riesgo (George y Koob, 2017). A esto se suma la mejora en la autoeficacia, ya que, a medida que la persona nota cambios en su rendimiento cognitivo, crece su percepción de capacidad para sostener la abstinencia.
Finalmente, la neurorrehabilitación puede favorecer el tratamiento para las recaídas; más del sesenta por ciento de las personas en tratamiento recaen durante el primer año, debido a la persistencia de cambios cerebrales, la sensibilidad aumentada a estímulos asociados al consumo y la vulnerabilidad al estrés, según datos del Surgeon General’s Report (2016). Las recaídas suelen suceder cuando la persona se expone a contextos previamente asociados al consumo, cuando aparecen emociones intensas o cuando el control ejecutivo está alterado. Las dificultades en impulsividad y toma de decisiones incrementan el riesgo, en línea con lo expuesto por Perry y Lawrence (2017), por lo que trabajar a nivel cognitivo es esencial para prevenirlo.
Los beneficios de la neurorrehabilitación no sustituyen a las terapias habituales, sino que las potencian. Actúan directamente sobre el sustrato neurobiológico del trastorno, favoreciendo una recuperación que va más allá del control del consumo e impacta de forma global en la funcionalidad diaria. Verdejo-García et al. (2019) señalan que restaurar la capacidad de valorar consecuencias, resistir impulsos y regular afectos es clave para prevenir recaídas. De forma coherente, Perry y Lawrence (2017) subrayan la importancia de romper el vínculo circular entre deterioro cognitivo y conductas adictivas para evitar la vuelta a patrones previos.
En conjunto, la neurorrehabilitación mejora el funcionamiento cognitivo, potencia la adherencia al tratamiento y contribuye de forma directa a disminuir la probabilidad de recaídas. Cuando se basa en una evaluación precisa y en un plan individualizado, se convierte en un elemento esencial para la recuperación funcional a largo plazo y para que la persona pueda construir una vida más estable, coherente y alejada del consumo.
Conclusión
Comprender la adicción desde sus múltiples dimensiones nos permite ofrecer intervenciones más humanas, eficaces y ajustadas a la realidad de quienes la padecen. La investigación actual demuestra que la adicción implica cambios profundos en el cerebro que afectan la motivación, el aprendizaje y la regulación emocional, generando patrones de consumo difíciles de controlar. Sin embargo, también muestra que el cerebro tiene capacidad de recuperación, especialmente cuando se combinan tratamientos terapéuticos con programas de rehabilitación cognitiva y estrategias sólidas de prevención de recaídas.
Sea cual sea la situación, es importante detectar la adicción de forma temprana para intervenir sobre los factores de base y no limitarse a poner soluciones superficiales. La neurorrehabilitación abre una vía esperanzadora al fortalecer funciones cognitivas esenciales que sostienen la toma de decisiones y la capacidad de mantenerse abstinente. En este marco, la recuperación se vuelve un proceso posible, en el que la persona recupera control, autonomía y bienestar.
Bibliografía
- George, O., & Koob, G. F. (2017). Individual differences in the neuropsychopathology of addiction. Dialogues in Clinical Neuroscience, 19(3), 217–229. https://doi.org/10.31887/DCNS.2017.19.3/gkoob
- Gould, T. J. (2010). Addiction and cognition. Addiction Science & Clinical Practice, 5(2), 4–14.
- Hermens, D. F., & Lubman, D. I. (2018). The impact of substance use on adolescent brain development. Evidence-based Mental Health, 21, 61–63.
- Mayo Clinic Staff. (2025). Drug addiction (substance use disorder). Mayo Clinic.
- Perry, C. J., & Lawrence, A. J. (2017). Addiction, cognitive decline and therapy. Genes, Brain and Behavior, 16, 205–218. https://doi.org/10.1111/gbb.12325
- Restrepo, S., Rincón, D., & Sepúlveda, E. (2020). Cognitive training for the treatment of addictions mediated by ICT. Future Internet, 12(38).
- Sampedro-Piquero, P., et al. (2019). Impact of addiction on cognition and brain plasticity.
- Semaan, M., & Khan, R. (2025). Advances in addiction care.
- Surgeon General’s Report. (2016). Facing addiction in America: The neurobiology of substance use.
- Szerman, N., Torrens, M., Maldonado, R., et al. (2022). Addictive and other mental disorders. Translational Psychiatry, 12(446).
- Verdejo-García, A., Garcia-Fernandez, G., & Dom, G. (2019). Cognition and addiction. Dialogues in Clinical Neuroscience, 21(3), 281–290.
Preguntas frecuentes sobre las adicciones y su impacto cognitivo en el cerebro
1. ¿Qué es el trastorno por uso de sustancias (TUS)?
El trastorno por uso de sustancias (TUS) es un patrón de consumo persistente difícil de controlar pese a consecuencias negativas. Suele incluir craving, aumento de dosis, abandono de actividades y abstinencia al intentar parar. Se entiende como condición médica crónica con cambios en circuitos cerebrales de aprendizaje y motivación.
2. ¿Cómo alteran las sustancias el sistema de recompensa cerebral?
Las sustancias activan intensamente el sistema dopaminérgico del estriado ventral y el núcleo accumbens. Con el tiempo, aparecen neuroadaptaciones que reducen la sensibilidad a reforzadores naturales, favoreciendo apatía y pérdida de interés. Estos cambios facilitan que el ciclo adictivo se repita.
3. ¿Qué dificultades cognitivas son frecuentes en las adicciones?
Son frecuentes alteraciones en funciones ejecutivas, atención, memoria de trabajo, flexibilidad cognitiva y toma de decisiones. También puede haber sesgo atencional hacia señales de la sustancia y peor regulación emocional. Estas dificultades pueden persistir incluso tras periodos prolongados de abstinencia.
4. ¿Qué es la patología dual en adicciones?
La patología dual en adicciones hace referencia a la coexistencia de adicción con otros trastornos mentales, como depresión, ansiedad, TDAH o trastornos traumáticos. Ambos problemas interactúan y se retroalimentan, complicando la evolución clínica. El abordaje debe integrar los dos componentes para mejorar la eficacia terapéutica.
5. ¿Por qué es clave la evaluación neuropsicológica en adicciones?
La evaluación neuropsicológica en adicciones es clave porque los perfiles cognitivos varían según la persona, el contexto y la sustancia. La evaluación identifica funciones alteradas, fortalezas y prioridades de intervención, reduciendo el riesgo de aplicar programas genéricos. Debe realizarse por profesionales cualificados dentro de un plan terapéutico integral.
6. ¿Cómo ayuda la neurorrehabilitación cognitiva a prevenir recaídas en adicciones?
La neurorrehabilitación cognitiva entrena funciones como atención, memoria de trabajo, flexibilidad y toma de decisiones para fortalecer el control prefrontal y modular respuestas automáticas. Puede reducir reactividad a señales de consumo, mejorar la adherencia y aumentar autoeficacia. No sustituye otras terapias; complementa un enfoque médico-psicológico integral.







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