La doctoranda Marta Arbizu expone evidencia científica reciente que analiza la actividad física como un factor de riesgo modificable en el alzhéimer preclínico.
Introducción al estudio sobre alzhéimer preclínico
La enfermedad de Alzheimer (EA) no comienza cuando aparecen los primeros síntomas de memoria. Años antes ya se están produciendo cambios silenciosos en el cerebro, como la acumulación de amiloide y tau, que progresivamente conducen hacia fases más avanzadas de la enfermedad. Esta fase inicial con alteraciones cognitivas no perceptibles pero con una biología afectada, conocida como alzhéimer preclínico, representa una ventana de mayor probabilidad de éxito para intervenir y modificar el curso de la enfermedad.
Entre los factores potencialmente modificables, la actividad física ocupa un lugar destacado. Numerosos estudios han mostrado que las personas físicamente activas tienen menor riesgo de desarrollar demencia. Sin embargo, hasta ahora persistía una pregunta fundamental:
¿actúa la actividad física realmente sobre los mecanismos biológicos del alzhéimer en humanos, y si es así, cómo lo hace?
Un estudio publicado recientemente en Nature Medicine aporta respuestas sólidas a esta cuestión, utilizando medidas objetivas de actividad física y un seguimiento longitudinal excepcionalmente largo.
¿Cómo se llevó a cabo esta investigación sobre actividad física y alzhéimer preclínico?
El trabajo se basó en la Harvard Aging Brain Study, una cohorte que incluye a adultos mayores cognitivamente sanos en el momento inicial del estudio. En total, participaron 296 personas, seguidas durante hasta 14 años con evaluaciones anuales.
Los aspectos más destacables del diseño son:
- Actividad física medida objetivamente mediante podómetro, evitando los sesgos de los cuestionarios.
- Evaluación longitudinal de:
- β-amiloide cerebral mediante PET.
- Proteína tau en corteza temporal inferior, una región clave en fases tempranas.
- Cognición (PACC5) y funcionalidad (CDR-SOB): la cognición se evaluó con el PACC5, una batería sensible a cambios cognitivos muy sutiles en fases preclínicas del Alzheimer, mientras que la funcionalidad se midió con el CDR-SOB, una escala clínica que cuantifica el impacto de esos cambios en la autonomía y las actividades de la vida diaria.
- Análisis específicos en personas con amiloide elevado, es decir, en riesgo biológico de alzhéimer.
Este enfoque permitió analizar no solo si la actividad física se asocia a un mejor rendimiento cognitivo, sino a través de qué procesos cerebrales ocurre ese efecto.
¿Qué revelan los resultados clave de este estudio?
La actividad física no reduce el amiloide
Uno de los hallazgos más claros del estudio es que caminar más no se asocia con una menor acumulación de amiloide, ni al inicio ni durante el seguimiento.
Este resultado es importante porque descarta la idea de que el beneficio de la actividad física actúe directamente “limpiando” el amiloide del cerebro. Por otro lado, ya se conoce bien que limpiar el amiloide no revierte la enfermedad, por lo que en cierta forma, está en acuerdo en que existen fármacos antiamiloides con buena eficacia pero que no han tenido ningún impacto en el desarrollo de la enfermedad del Alzheimer.
Más pasos, menor acumulación de tau
El hallazgo central del estudio es que, en personas con amiloide elevado:
- Una mayor actividad física se asocia con una acumulación más lenta de tau en la corteza temporal inferior.
- Esta región es especialmente relevante, ya que la propagación de tau se relaciona estrechamente con el deterioro cognitivo posterior.
Es decir, la actividad física parece frenar uno de los procesos más directamente ligados a la neurodegeneración.
La tau explica el beneficio cognitivo
El análisis va un paso más allá y demuestra que:
- La menor acumulación de tau explica el 84% del efecto de la actividad física sobre el enlentecimiento del deterioro cognitivo.
- En el caso del deterioro funcional, la tau explica aproximadamente el 40% del efecto, lo que sugiere que otros factores, como la reserva funcional o el estado físico general, también contribuyen.
Este resultado proporciona una evidencia biológica sólida de cómo la actividad física protege el cerebro en fases muy tempranas del alzhéimer.
¿Cuánta actividad es necesaria? Un mensaje clave
Uno de los aspectos más relevantes desde el punto de vista clínico y de salud pública es la relación dosis–respuesta:
- Ya con 3.000–5.000 pasos diarios se observan beneficios claros frente al sedentarismo.
- El efecto protector alcanza un “techo” entre 5.000 y 7.500 pasos al día.
- Superar ampliamente esa cifra no aporta beneficios adicionales claros sobre tau o cognición.
Este hallazgo rompe con el mensaje popular de los 10.000 pasos diarios y ofrece un objetivo realista y alcanzable para personas mayores o sedentarias.
¿Qué implicaciones tienen para la práctica clínica estos hallazgos?
Los resultados de este estudio tienen implicaciones muy concretas:
Prevención en fases preclínicas
Identificar a personas con riesgo biológico de alzhéimer y promover incrementos modestos pero sostenidos de actividad física podría retrasar varios años la aparición de deterioro cognitivo clínicamente relevante.
Diseño de ensayos clínicos
El estudio sugiere que las intervenciones basadas en actividad física podrían ser especialmente eficaces si se dirigen a:
- Personas sedentarias.
- Personas con amiloide elevado.
Además, refuerza el uso de tau PET como biomarcador de respuesta.
Mensajes de salud pública más realistas
Plantear objetivos alcanzables mejora la adherencia y reduce la percepción de que “si no hago mucho, no sirve de nada”.
¿Cómo se relaciona este avance con NeuronUP?
En NeuronUP se trabaja desde hace años en la estimulación y rehabilitación cognitiva basada en evidencia. Este estudio refuerza una idea clave: la intervención óptima en alzhéimer debe ser integral y temprana.
La actividad física y la estimulación cognitiva no compiten, sino que se complementan:
- La actividad física puede ralentizar los procesos neurobiológicos (como la acumulación de tau).
- Las herramientas de NeuronUP permiten potenciar la reserva cognitiva, monitorizar el rendimiento y personalizar las intervenciones.
Integrar ambos enfoques abre la puerta a programas de prevención y seguimiento más eficaces, especialmente en fases preclínicas.
Conclusión
Este estudio demuestra que la actividad física, medida de forma objetiva, se asocia con una menor progresión de la patología tau y un deterioro cognitivo más lento en personas en riesgo de alzhéimer, incluso sin afectar directamente al amiloide. Además, muestra que no es necesario un nivel extremo de actividad para obtener beneficios.
En conjunto, estos hallazgos refuerzan un mensaje esperanzador y práctico: pequeños cambios sostenidos en el estilo de vida pueden tener un impacto real en la trayectoria del alzhéimer, especialmente cuando se combinan con estrategias de estimulación cognitiva como las que ofrece NeuronUP.
Bibliografía
- Yau, W. W., Kirn, D. R., Rabin, J. S., Properzi, M. J., Schultz, A. P., Shirzadi, Z., Palmgren, K., Matos, P., Maa, C., Pruzin, J. J., Schultz, S. A., Buckley, R. F., Rentz, D. M., Johnson, K. A., Sperling, R. A., & Chhatwal, J. P. (2025). Physical activity as a modifiable risk factor in preclinical Alzheimer’s disease. Nature Medicine, 31(12), 4075–4083. https://doi.org/10.1038/s41591-025-03955-6
Preguntas frecuentes sobre actividad física y alzhéimer preclínico
1. ¿Qué es el alzhéimer preclínico?
El alzhéimer preclínico es una fase temprana de la enfermedad en la que aún no existen síntomas cognitivos evidentes, pero ya se detectan alteraciones neurobiológicas como la acumulación de β-amiloide y proteína tau. Esta etapa puede preceder en años o décadas al deterioro cognitivo clínico.
2. ¿Por qué la actividad física es un factor de riesgo modificable en el alzhéimer?
La actividad física es un factor de riesgo modificable porque influye en procesos neurobiológicos implicados en la neurodegeneración. La evidencia científica muestra que niveles adecuados de ejercicio se asocian con una progresión más lenta de la patología tau y un menor deterioro cognitivo en fases tempranas del alzhéimer.
3. ¿Cuántos pasos al día protegen el cerebro en el alzhéimer preclínico?
Los beneficios neuroprotectores se observan a partir de aproximadamente 3.000–5.000 pasos diarios, con un efecto máximo entre 5.000 y 7.500 pasos al día. Superar ampliamente estas cifras no parece aportar beneficios adicionales claros sobre la acumulación de tau o la cognición.
4. ¿La actividad física reduce la acumulación de β-amiloide?
No. La evidencia actual indica que la actividad física no se asocia con una menor acumulación de β-amiloide cerebral. Su efecto protector parece actuar principalmente sobre la progresión de la patología tau, que está más directamente relacionada con el deterioro cognitivo y funcional.
5. ¿Cómo influye la actividad física en la proteína tau?
En personas con riesgo biológico de alzhéimer, una mayor actividad física se asocia con una acumulación más lenta de proteína tau en regiones temporales del cerebro. Esta reducción en la progresión de la tau explica gran parte del efecto beneficioso del ejercicio sobre el enlentecimiento del deterioro cognitivo.
6. ¿Por qué la proteína tau es clave en el deterioro cognitivo?
La proteína tau está estrechamente relacionada con la neurodegeneración y la pérdida de funciones cognitivas. A diferencia del amiloide, la propagación de tau se correlaciona directamente con el empeoramiento cognitivo y funcional, lo que la convierte en un biomarcador clave en fases tempranas del alzhéimer.
7. ¿En qué fases del alzhéimer es más eficaz la actividad física?
La actividad física parece ser especialmente eficaz en fases preclínicas del alzhéimer, cuando ya existe patología cerebral pero aún no se manifiestan síntomas cognitivos. En esta etapa, intervenir puede retrasar la progresión de la neurodegeneración y la aparición de deterioro clínico.
8. ¿La actividad física puede prevenir el alzhéimer?
La actividad física no garantiza la prevención del alzhéimer, pero sí puede reducir el riesgo y retrasar la aparición de síntomas. Actúa como un factor protector que modula la progresión de la patología cerebral, especialmente cuando se mantiene de forma regular y sostenida en el tiempo.
9. ¿Cómo se complementan la actividad física y la estimulación cognitiva?
La actividad física puede ralentizar procesos neurobiológicos como la acumulación de tau, mientras que la estimulación cognitiva contribuye a fortalecer la reserva cognitiva y optimizar el rendimiento funcional. La combinación de ambos enfoques ofrece una intervención más integral en la prevención y el seguimiento del alzhéimer.
10. ¿Qué implicaciones tiene este hallazgo para la práctica clínica?
Estos resultados apoyan la inclusión de recomendaciones de actividad física realistas y personalizadas en programas de prevención del alzhéimer. Identificar a personas en riesgo y promover incrementos moderados de actividad puede retrasar el deterioro cognitivo y mejorar la eficacia de las intervenciones clínicas tempranas.







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