La neuropsicóloga Ana Laura Utrilla Lack analiza la neurociencia del dolor crónico, la sensibilización central y cómo la terapia de reversión del dolor (TRD) reentrena el cerebro con éxito.
Resumen ejecutivo con los puntos clave de este artículo:
1. Qué es el dolor crónico neuroplástico, por qué persiste y cuál es su impacto emocional, cognitivo y social.
2. Cuáles son las bases neurocientíficas del dolor crónico.
3. Qué es y cómo funciona la terapia de reversión del dolor (TRD).
4. Cómo aplicar la terapia de reversión del dolor (TRD) desde la neuropsicología.
Introducción
En 2023, cerca de una de cada cuatro personas adultas (24.3%) declaró haber tenido dolor crónico en los últimos tres meses, y alrededor del 8.5% vivió un dolor tan persistente que limitó significativamente su vida diaria o su trabajo (Lucas & Sohi, 2024).
Todas las personas, en algún momento de la vida, hemos experimentado algún tipo de dolor. El dolor actúa como una señal de alarma que dirige nuestra atención hacia la parte del cuerpo que requiere cuidado. También nos ayuda a frenar conductas que, de repetirse, podrían provocar daño. El problema aparece cuando esa «alarma» se desajusta. En esos casos, el organismo permanece en un estado de alerta constante, aunque el peligro real ya no esté presente, teniendo como resultado dolor crónico.
¿Qué es el dolor crónico y por qué persiste incluso sin lesión física?
Según la International Association for the Study of Pain (IASP, 2020), el dolor es una experiencia desagradable asociada o similar a la que acompaña a un daño tisular real o potencial. Sin embargo, el dolor no es solo una señal del cuerpo o una respuesta directa a un estímulo físico; es una construcción compleja del cerebro, que involucra distintos componentes, entre ellos:
- Emocionales, ya que puede ir acompañado de miedo, angustia o frustración.
- Cognitivos, como interpretaciones, expectativas y recuerdos asociados al dolor.
En este sentido, el dolor funciona como una señal de protección y no necesariamente como un marcador directo del daño.
¿Dolor agudo o dolor crónico?
| Dolor agudo | Dolor crónico |
|---|---|
| Surge después de una lesión, inflamación o algún tipo de daño tisular. | Aquel que persiste por más de tres meses2. Puede mantenerse incluso cuando el tejido ya ha sanado y no existe lesión estructural activa3. |
| La función del dolor es protectora, al favorecer conductas de autocuidado1. | Los cambios se relacionan con el sistema nervioso central, puesto que existe un aprendizaje del dolor, donde la neuroplasticidad actúa de manera maladaptativa, consolidando vías de dolor hiperactivas1. |
| Puede hablarse de dolor neuroplástico o nociplástico2, en el que el cerebro actúa generando la experiencia dolorosa sin una señal de daño actual en los tejidos. |
Impacto emocional, cognitivo y social del dolor crónico
La esfera emocional se encuentra íntimamente ligada al dolor crónico y puede darse en ambos sentidos: el dolor impacta de manera negativa en el estado emocional y, a su vez, las emociones influyen en la experiencia del dolor. Por ello, comprender el impacto emocional resulta de gran relevancia, tanto en la forma en que la persona aprende a vivir con dolor como en el proceso de intervención orientado a desaprender a sentirlo de la misma manera.
Cuando el dolor persiste por más de tres meses, es esperable que tenga un impacto en la calidad de vida y en las actividades cotidianas, lo cual repercute directamente en la emoción y en la autoestima de quien lo padece (Bair et al., 2003). El dolor crónico no solo duele en el cuerpo, también desgasta emocionalmente. Entre los estados emocionales que pueden observarse con mayor frecuencia se encuentran los siguientes:
| Impacto del dolor crónico | Descripción | Consecuencias |
|---|---|---|
| Ansiedad anticipatoria | Surge al prever situaciones, lugares, movimientos o recuerdos que podrían detonar el dolor. | Genera conductas evasivas, miedo persistente y mantiene al organismo en un estado de alerta constante. |
| Irritabilidad y baja tolerancia a la frustración | Estado prolongado de alerta e irritabilidad asociados a la persistencia del síntoma doloroso. | Reacciones emocionales intensas o desbordes ante situaciones que previamente eran tolerables. |
| Frustración e impotencia | Vivencia de «hacer todo y no mejorar» ante intervenciones convencionales que no surten efecto por la falta de daño tisular claro. | Búsqueda incesante de tratamientos (alópatas y alternativos) con alivios solo temporales, reforzando el desánimo. |
| Tristeza o desánimo persistente | Sentimientos de desesperanza al creer que no existe una salida para el dolor tras intentos fallidos de mejoría. | Desarrollo de síntomas depresivos, reducción de actividades placenteras e impacto negativo en las relaciones sociales y laborales. |
| Hipervigilancia interoceptiva | El sistema atencional se entrena para realizar un monitoreo continuo del cuerpo en busca de señales de amenaza. | Interpretación sesgada de estímulos neutros como alarmas y dificultades severas para concentrarse en la lectura o conversaciones. |
| Memoria corporal aprendida | El cerebro establece asociaciones y condicionamientos entre contextos específicos y la aparición del dolor. | Activación del dolor incluso sin daño tisular y generalización de conductas de evitación ante situaciones supuestamente peligrosas. |
| Pensamientos catastróficos | Creencias de que el cuerpo está «empeorando» o de que el dolor deteriorará progresivamente la vida. | Incremento de la activación de las redes cerebrales de amenaza y refuerzo de los procesos de sensibilización central. |
| Rigidez cognitiva y rumiación | Consumo excesivo de recursos de las funciones ejecutivas centrado en el malestar. | Limitación de la flexibilidad mental y dificultad para reorientar el foco atencional hacia otras experiencias vitales. |
Bases neurocientíficas del dolor crónico
Desde el modelo de la terapia de reversión del dolor (TRD) o Pain Reprocessing Therapy (PRT) por sus siglas en inglés, el dolor crónico de tipo neuroplástico se explica como una respuesta aprendida del sistema nervioso central, en la que el cerebro mantiene activas las vías del dolor como un mecanismo de protección, aun cuando no existe daño tisular actual que justifique dicha señal (Gordon & Alon, 2021).
Plasticidad neuronal y sensibilización central: cómo “aprende” el cerebro a sentir dolor
La plasticidad neuronal es la capacidad del cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones sinápticas en función de la experiencia (Pascual-Leone et al., 2005). Cada aprendizaje implica la activación repetida de determinados circuitos neuronales; cuanto más se utilizan, más eficientes y automáticos se vuelven, fenómeno descrito desde el principio hebbiano del aprendizaje.
Este mismo principio opera en el dolor crónico. En muchos casos, el dolor inicia a partir de una lesión o proceso inflamatorio real. Sin embargo, cuando dicha experiencia dolorosa se acompaña de estados emocionales intensos —como miedo, angustia o hipervigilancia—, los circuitos neuronales asociados al dolor se activan de forma repetida. Aunque el tejido corporal haya sanado, el circuito del dolor puede quedar “hiperentrenado”, volviéndose más reactivo y fácil de activar, incluso de manera automática.
Esto no implica que el dolor sea imaginario. La experiencia dolorosa es real, pero su origen ya no se encuentra en la periferia corporal, sino en la activación de redes cerebrales relacionadas con la detección de amenaza, la anticipación y la respuesta al peligro.
En este contexto se habla de sensibilización central, un fenómeno mediante el cual el sistema nervioso central se vuelve hipersensible, interpretando señales corporales neutras o inofensivas como dolorosas. Actividades cotidianas que no implican daño tisular —como escribir en una computadora, caminar distancias cortas o realizar movimientos suaves— pueden convertirse en detonantes de dolor cuando han sido asociadas previamente con malestar, estrés o experiencias aversivas.
De este modo, estímulos que originalmente eran neutros pueden adquirir valor de amenaza. El cerebro permanece en un “modo de alerta” sostenido, con los circuitos de miedo, anticipación y protección activados de forma persistente, detectando peligro donde objetivamente ya no lo hay.
Redes neuronales implicadas y cambios cognitivos asociados al dolor
No existe una sola región cerebral encargada del dolor, sino que este depende de la activación sostenida de múltiples redes neuronales que procesan la señal sensorial, así como su interpretación cognitiva y su significado emocional (Wager et al., 2013). En el caso del dolor neuroplástico, estas redes se encuentran hiperactivas o desreguladas, por ello es que se puede experimentar dolor aunque no hay como tal daño periférico.
Entre las principales estructuras implicadas se encuentran:
| Estructura cerebral | Función en dolor crónico | Impacto en el paciente |
|---|---|---|
| Ínsula | Percepción aumentada de señales internas. | Hipervigilancia corporal constante. |
| Amígdala | Procesamiento del miedo y la amenaza | Asociación del dolor con el peligro y la ansiedad. Evitación y anticipación negativa. |
| Corteza cingulada anterior (CCA) | Valoración del sufrimiento y relevancia emocional atribuida. | Dolor percibido como agotador y emocionalmente desgastante. |
| Red de saliencia | Detección de estímulos para la supervivencia. | El dolor desplaza a cualquier otro foco atencional. |
| Red por defecto (default mode network) | Estados de autorreferencia y rumiación. | Pensamientos repetitivos centrados en el dolor: «¿por qué me duele?». |
En conjunto, estas alteraciones en la conectividad funcional del cerebro explican por qué el dolor crónico no es únicamente una experiencia sensorial, sino un estado cerebral global que involucra percepción corporal, emoción, atención, memoria y significado personal. La persistencia del dolor se ve reforzada por la interacción entre estas redes: la hipervigilancia corporal, el miedo al dolor, la atención sesgada hacia las sensaciones internas y las creencias negativas sobre el propio cuerpo mantienen activas las vías neuronales del dolor, consolidando el aprendizaje maladaptativo del sistema nervioso.
Qué es la terapia de reversión del dolor (TRD) según Alan Gordon
La terapia de reversión del dolor (TRD) es un enfoque desarrollado por Alan Gordon (2021) junto con su equipo, basado en hallazgos de la neurociencia del dolor. Este modelo parte de la evidencia de que, en muchos casos de dolor crónico, el origen del dolor no se encuentra en un daño estructural activo, sino en una interpretación errónea del cerebro, que percibe ciertas señales corporales como peligrosas cuando en realidad no lo son.
Desde esta perspectiva, el dolor neuroplástico se mantiene porque el sistema nervioso central ha aprendido a asociar determinadas sensaciones, movimientos o contextos con amenaza. La TRD busca modificar esta asociación, promoviendo un cambio de la interpretación de “peligro” a una interpretación de “seguridad”. Es decir, el objetivo no es ignorar el dolor, sino ayudar al cerebro a reconocer que, en ausencia de daño tisular, la señal dolorosa no representa un riesgo real para el cuerpo.
Principios de la TRD y cómo funciona para reentrenar el cerebro
Antes de iniciar un proceso de terapia de reversión del dolor, es fundamental realizar una evaluación médica adecuada que permita descartar causas estructurales activas, inflamatorias, infecciosas o neurológicas que expliquen el dolor. La terapia de reversión del dolor (TRD) no pretende sustituir la atención médica, sino complementarla cuando se ha establecido que no existe una lesión activa que justifique la persistencia del dolor.
Una vez descartado el daño tisular actual, la TRD se basa en los siguientes principios:
- El dolor puede ser real aun sin daño estructural: la experiencia de dolor es genuina, pero su origen puede encontrarse en circuitos cerebrales aprendidos y sensibilizados.
- El cerebro aprende a sentir dolor y también puede desaprenderlo: gracias a la plasticidad neuronal, los circuitos de amenaza asociados al dolor pueden debilitarse cuando se deja de interpretarlo como peligro.
- La seguridad es el elemento central del cambio: el reentrenamiento del cerebro ocurre cuando la persona logra experimentar sensaciones corporales desde un estado de calma y seguridad, en lugar de miedo o hipervigilancia.
- La atención y el significado que se le da al dolor influyen en su intensidad y persistencia: cambiar la narrativa interna de amenaza por una de protección segura favorece la desactivación progresiva de las redes del dolor.
De esta manera, la TRD actúa directamente sobre los mecanismos de aprendizaje y sensibilización central, ayudando al sistema nervioso a recalibrar su respuesta frente a sensaciones corporales que previamente se vivían como peligrosas.
Ejercicios y técnicas prácticas basadas en TRD
La implementación de la TRD se apoya en un proceso sólido de psicoeducación, cuyo objetivo es que la persona comprenda el origen neuroplástico de su dolor. Dado que muchas personas con dolor crónico buscan de manera constante una causa física o estructural que explique su malestar, resulta fundamental ampliar esta comprensión e introducir la posibilidad de que el dolor esté mediado por el sistema nervioso central.
A través de este proceso, la persona puede comenzar a observar su dolor con mayor distancia y curiosidad:
- ¿En qué contextos aparece? ¿Siempre se presenta ante la misma actividad o varía según el estado emocional?
- ¿La intensidad cambia dependiendo del entorno, el estrés o el acompañamiento? ¿La localización del dolor se modifica?
Estas preguntas permiten identificar patrones de activación del dolor que difícilmente se explicarían únicamente por un daño tisular. Reconocer estas variaciones favorece la comprensión de que el dolor neuroplástico no implica un peligro real para el cuerpo, sino una respuesta aprendida del sistema nervioso.
Una de las técnicas centrales de la TRD es el rastreo somático (somatic tracking), descrito por Gordon (2021) como un proceso que integra tres componentes principales:
| Componente principal | Objetivo clínico | Técnica |
|---|---|---|
| Atención plena (mindfulness) | Observación sin juicio. | Aproximarse a la sensación con curiosidad, no con miedo. |
| Reevaluación desde la seguridad | Cambiar el significado del dolor. | «No hay daño estructural, mi cuerpo está a salvo». |
| Afecto positivo y tono amable | Reducir la carga emocional negativa. | Uso de lenguaje compasivo, humor ligero o metáforas. |
Inicialmente, el rastreo somático suele ser guiado por un terapeuta capacitado en TRD, con el objetivo de que la persona aprenda a reproducir la técnica de manera autónoma en su vida cotidiana. A través de esta práctica repetida, el cerebro comienza a asociar las sensaciones corporales con estados de calma y seguridad, favoreciendo el debilitamiento progresivo de los circuitos del dolor aprendidos.
Evidencia científica y casos clínicos recientes
La terapia de reversión del dolor (TRD) cuenta con respaldo empírico, particularmente a partir del ensayo clínico aleatorizado publicado por Ashar y colaboradores (2021), en el que se evaluó la eficacia de esta intervención en personas con dolor lumbar crónico. Los resultados mostraron que los participantes que recibieron TRD presentaron:
- Reducciones significativas en la intensidad del dolor en comparación con grupos de control.
- Cambios en la actividad de regiones cerebrales implicadas en el procesamiento del dolor y la amenaza.
Estos hallazgos apoyan la hipótesis de que el dolor crónico de tipo neuroplástico puede modificarse mediante intervenciones dirigidas a cambiar la interpretación cerebral del dolor, en lugar de centrarse exclusivamente en el abordaje periférico. A nivel clínico, múltiples reportes de caso y series clínicas han documentado mejoras funcionales relevantes, como el retorno progresivo a actividades evitadas, disminución del miedo al movimiento y recuperación de la participación social y laboral.
Si bien la TRD no es una intervención universal para todo tipo de dolor crónico, la evidencia disponible sugiere que representa una opción terapéutica especialmente útil en cuadros donde no se identifica daño estructural activo y donde predominan mecanismos de sensibilización central y aprendizaje del dolor.
Aplicación práctica de la terapia de reversión del dolor (TRD) en neuropsicología
La terapia de reversión del dolor (TRD) puede integrarse de manera natural al trabajo neuropsicológico, en pacientes con dolor crónico de tipo neuroplástico, trabajando con procesos cognitivos, emocionales y conductuales que mantienen la activación de los circuitos de amenaza. La aplicación de esta práctica no se limitaría a una intervención meramente sintomática, si no que la neuropsicología puede tener una importante participación en el proceso de reaprendizaje, que busca modificar patrones atencionales, interpretativos que refuerzan la sensibilización central.
Evaluación cognitiva, emocional y conductual del paciente con dolor crónico
Como parte de la evaluación neuropsicológica del paciente con dolor crónico, resulta clínicamente relevante explorar los siguientes componentes:
- Componentes cognitivos:
- Sesgos atencionales hacia sensaciones corporales y señales de amenaza.
- Estilo interpretativo catastrófico o hipervigilante respecto al dolor.
- Creencias disfuncionales sobre el cuerpo, el daño y la incapacidad (“si duele, es porque algo está mal”, “el movimiento me va a lastimar”).
- Rigidez cognitiva y rumiación centrada en el dolor.
- Componentes emocionales:
- Niveles de ansiedad anticipatoria, miedo al movimiento (kinesiofobia) y miedo al daño.
- Estados afectivos asociados al dolor persistente, como frustración, desesperanza o irritabilidad.
- Dificultades en la regulación emocional ante la aparición del dolor.
- Componentes conductuales:
- Conductas de evitación y reducción progresiva de actividades significativas.
- Conductas de comprobación corporal y búsqueda constante de señales de dolor.
- Patrones de hiperprotección del cuerpo que refuerzan la percepción de fragilidad.
Desde la TRD, esta evaluación no tiene como único objetivo describir el perfil del paciente, sino identificar los bucles de retroalimentación que mantienen activos los circuitos de amenaza (atención → interpretación → emoción → conducta → aumento de la sensibilización). Esta formulación funcional permite diseñar intervenciones dirigidas a interrumpir dichos bucles, promoviendo experiencias correctivas de seguridad corporal.
Integración con terapias físicas, ocupacionales y médicas
El trabajo con pacientes con dolor crónico usualmente requiere de un trabajo interdisciplinario, donde la coordinación de profesionales de la salud de diferentes áreas resulta fundamental para que los mensajes que el paciente reciba de cada uno de ellos no sea contradictorio que refuercen la percepción del dolor como un daño estructural o como fragilidad corporal.
Desde el punto de vista clínico, la integración con otras disciplinas permite:
- Con el área médica: Alinear el discurso clínico hacia un modelo biopsicosocial del dolor, evitando explicaciones alarmistas que refuercen la interpretación de peligro. La validación médica de la ausencia de daño activo facilita el trabajo de reconceptualización del dolor neuroplástico.
- Con fisioterapia y rehabilitación: Promover la exposición gradual al movimiento desde un marco de seguridad, reduciendo la evitación conductual y el miedo al movimiento. La TRD aporta el trabajo sobre la interpretación cognitiva del movimiento como seguro, lo cual potencia los efectos de la intervención física.
La coherencia entre disciplinas contribuye a que el paciente reciba mensajes consistentes de seguridad, disminuyendo la activación de los circuitos de amenaza y favoreciendo el reaprendizaje neuroplástico.
Conclusión
En conclusión, el abordaje del dolor crónico desde el modelo de la terapia de reversión del dolor (TRD) propone un cambio paradigmático en la comprensión del dolor desde la neurociencia del dolor: de una señal exclusivamente asociada al daño tisular, a una respuesta aprendida del sistema nervioso que puede mantenerse aún en ausencia de lesión activa. Desde la neuropsicología del dolor crónico, este enfoque permite conceptualizar el dolor como un fenómeno dinámico, modulable a través de la experiencia, el aprendizaje y la resignificación cognitivo-emocional de las señales corporales.
La neuroplasticidad, entendida como la capacidad del cerebro para reorganizar sus circuitos en función de la experiencia, constituye el fundamento neurocientífico que explica tanto la cronificación del dolor como la posibilidad de su reversión. Desde la investigación actual sobre cerebro y dolor crónico, sabemos que así como los circuitos de amenaza pueden hiperentrenarse mediante la repetición de experiencias dolorosas asociadas al miedo, la hipervigilancia corporal y la sensibilización central, dichos circuitos pueden debilitarse cuando el organismo aprende, de manera experiencial, que el cuerpo es seguro y que el dolor no representa un peligro real.
Más allá de la reducción del dolor, este enfoque promueve un cambio en la relación del paciente con su cuerpo, favoreciendo la recuperación de la funcionalidad, la autonomía y la participación en actividades significativas. La intervención, por tanto, no se limita a “controlar el síntoma”, sino a facilitar un proceso de reaprendizaje neurofuncional del dolor, en el que el cerebro puede modificar los circuitos implicados en el dolor crónico y reducir la activación persistente de las redes de amenaza.
Desde esta perspectiva, el abordaje del dolor crónico neuroplástico se orienta a ayudar al sistema nervioso a salir del modo de alerta sostenido y recuperar un estado de regulación y seguridad, apoyándose en los principios de la neurociencia del dolor y en intervenciones como la terapia de reversión del dolor, que buscan reentrenar al cerebro para interpretar las señales corporales desde un marco de seguridad y no de peligro.
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Preguntas frecuentes sobre el dolor crónico y la terapia de reversión del dolor (TRD)
1. ¿Qué es el dolor crónico neuroplástico?
El dolor crónico neuroplástico es un tipo de dolor persistente que se mantiene durante más de tres meses y que no siempre está asociado a un daño tisular activo. En estos casos, el problema se relaciona con cambios en el sistema nervioso central y con procesos de sensibilización central, en los que el cerebro mantiene activas las vías del dolor incluso cuando los tejidos ya se han recuperado.
2. ¿Cuál es la diferencia entre dolor agudo, dolor crónico y dolor nociplástico?
El dolor agudo aparece como respuesta directa a una lesión o inflamación y suele desaparecer cuando el tejido se recupera. El dolor crónico persiste durante más de tres meses y puede mantenerse incluso después de la curación del tejido. El dolor nociplástico o neuroplástico se produce cuando existe una alteración en el procesamiento del dolor en el sistema nervioso central, sin que haya necesariamente daño tisular activo.
3. ¿Puede existir dolor sin daño físico en el cuerpo?
Sí. Desde la neurociencia del dolor sabemos que el cerebro puede generar una experiencia dolorosa incluso cuando no existe una lesión estructural activa. En algunos casos de dolor crónico neuroplástico, el sistema nervioso aprende a interpretar determinadas señales corporales como peligrosas, manteniendo activados los circuitos de dolor a través de mecanismos como la sensibilización central y la hipervigilancia corporal.
4. ¿Por qué el cerebro sigue generando dolor después de que el tejido se haya recuperado?
En algunos casos de dolor crónico, el cerebro puede seguir activando las vías del dolor incluso después de que la lesión inicial haya sanado. Esto ocurre porque los circuitos neuronales asociados al dolor se han fortalecido mediante procesos de aprendizaje y repetición, especialmente cuando el dolor se ha acompañado de miedo, estrés o hipervigilancia corporal. Este fenómeno explica por qué el dolor neuroplástico puede persistir sin daño tisular activo.
5. ¿Cómo cambia el cerebro en las personas con dolor crónico?
En las personas con dolor crónico, diferentes estudios en neuroimagen han mostrado cambios en la actividad y conectividad de varias redes cerebrales implicadas en la percepción del dolor. Regiones como la ínsula, la amígdala, la corteza cingulada anterior y la red de saliencia pueden mostrar una mayor activación. Estos cambios reflejan procesos de sensibilización central, en los que el cerebro interpreta las señales corporales como más amenazantes o dolorosas.
6. ¿Qué es la sensibilización central y qué papel tiene en el dolor crónico?
La sensibilización central es un proceso mediante el cual el sistema nervioso central se vuelve más sensible a las señales corporales, amplificando la percepción del dolor. En el dolor crónico neuroplástico, este fenómeno puede hacer que estímulos que normalmente no serían dolorosos —como ciertos movimientos o presiones leves— sean interpretados por el cerebro como señales de amenaza, manteniendo activa la experiencia dolorosa.
7. ¿Qué es la terapia de reversión del dolor (TRD)?
La terapia de reversión del dolor (TRD), también conocida como Pain Reprocessing Therapy (PRT), es un enfoque terapéutico basado en la neurociencia del dolor que busca ayudar al cerebro a reinterpretar las señales corporales desde un marco de seguridad. A través de psicoeducación, técnicas de atención plena y reevaluación cognitiva del dolor, la TRD pretende reentrenar los circuitos cerebrales implicados en el dolor crónico neuroplástico.
8. ¿La terapia de reversión del dolor tiene evidencia científica?
Sí. La terapia de reversión del dolor (TRD) cuenta con evidencia científica, incluyendo ensayos clínicos aleatorizados que han mostrado reducciones significativas en la intensidad del dolor en pacientes con dolor crónico, especialmente en casos de dolor lumbar persistente. Estos estudios sugieren que intervenir sobre los procesos cerebrales implicados en la interpretación del dolor puede modificar la actividad de las redes neuronales relacionadas con la amenaza y la percepción dolorosa.
9. ¿Qué papel puede tener la neuropsicología en el tratamiento del dolor crónico?
La neuropsicología puede desempeñar un papel relevante en el abordaje del dolor crónico, especialmente en casos de dolor neuroplástico. A través de la evaluación de sesgos atencionales, creencias sobre el dolor, regulación emocional y conductas de evitación, el neuropsicólogo puede identificar los factores cognitivos y emocionales que mantienen activos los circuitos de amenaza y contribuir a su modificación mediante intervenciones terapéuticas.
10. ¿El dolor crónico puede modificarse gracias a la neuroplasticidad?
Sí. La neuroplasticidad permite que el cerebro modifique sus conexiones neuronales en función de la experiencia. En el dolor crónico, los circuitos cerebrales del dolor pueden haberse fortalecido debido a la repetición de experiencias asociadas al miedo y la hipervigilancia. Sin embargo, mediante intervenciones adecuadas, el sistema nervioso también puede reaprender a interpretar las señales corporales de manera menos amenazante, reduciendo así la experiencia de dolor.







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