Martha Valeria Medina Rivera, neuropsicóloga de NeuronUP, presenta una guía clínica para evaluar y rehabilitar dificultades cognitivas tras un traumatismo craneoencefálico (TCE) cuando hay diasquisis.
Relación entre TCE por accidente automovilístico y diasquisis
Cuando hablamos de traumatismo craneoencefálico (TCE) como producto de un accidente automovilístico, solemos pensar en el golpe directo: la contusión, la hemorragia, el hematoma. Sin embargo, la evidencia de las últimas décadas nos recuerda que el cerebro no funciona como una suma de “piezas aisladas”, sino como una red interconectada. Y es justo aquí donde aparece el concepto de diasquisis, esa desconexión funcional que explica por qué los síntomas de un TCE no siempre corresponden de manera directa con la localización anatómica de la lesión (Carrera & Tononi, 2014).
En la primera parte, ya vimos con detalle cómo la diasquisis puede provocar dificultades en la memoria, atención, velocidad de procesamiento o funciones ejecutivas, incluso en regiones que no sufrieron el daño directo. A modo de recordatorio: tras un TCE son frecuentes el enlentecimiento, la fatiga y las dificultades en las tareas diarias debido a la afectación de las funciones cognitivas. A todo ello se suman dificultades en cognición social, como la percepción emocional o la teoría de la mente, que influyen en la reintegración social y familiar (Halalmeh et al., 2024; Torregrossa et al., 2023).
En otras palabras, el traumatismo craneoencefálico (TCE) no solo “daña” un área concreta: también desorganiza las conexiones cerebrales que permiten el paso de la información, generando alteraciones que pueden exacerbar la gravedad y aumentando las dificultades a nivel cognitivo, conductual y emocional.
Hoy en día contamos con diferentes herramientas que nos ayudan a entender mejor qué ha pasado y cómo está funcionando el cerebro tras un TCE. Por ejemplo, las técnicas de neuroimagen nos permiten observar las lesiones estructurales y funcionales, y la evaluación neuropsicológica nos da una fotografía mucho más precisa de las funciones cognitivas y conductuales que pueden haberse visto afectadas. La combinación de ambas nos ofrece una base sólida para planificar un tratamiento de rehabilitación ajustado a cada persona. En las siguientes secciones se describen estas herramientas.
Evidencia en neuroimagen y neurofisiología en TCE y diasquisis: evidencia y aplicación clínica
El saber que existen estas desconexiones cerebrales es posible gracias a la combinación de técnicas de neuroimagen y neurofisiología, que nos han permitido comprobar cómo funciona el cerebro después de un TCE.
Las técnicas de resonancia magnética funcional (RMf) y las imágenes con tensor de difusión (ITD) han demostrado que tras un TCE aparecen disrupciones en la sustancia blanca que afectan la comunicación entre hemisferios y entre regiones frontoparietales, temporales y subcorticales (Le Prieult et al., 2017). Por su parte, estudios con tomografía por emisión de positrones (PET) han evidenciado patrones de hipometabolismo en zonas alejadas de la lesión, justo lo que se esperaría de un cerebro con redes parcialmente “apagadas” por diasquisis (Boggs et al., 2024).
Desde el ángulo neurofisiológico, registros como el electroencefalograma (EEG) y la estimulación magnética transcraneal (EMT) han mostrado tanto hipoexcitabilidad como episodios de hiperactividad contralateral transitoria en fases tempranas, un intento espontáneo del cerebro por compensar lo dañado (Sarmati, 2022).
Lo interesante es que estas técnicas no solo sirven para describir el daño, sino también para monitorizar la recuperación; es decir, la neuroimagen y la neurofisiología nos dan pistas de hacia dónde orientar la rehabilitación.
Evaluación neuropsicológica en TCE con diasquisis: pruebas, dominios y fases de valoración
La evaluación neuropsicológica es clave para entender el impacto de un TCE, ya que permite identificar qué funciones presentan dificultades y diseñar un plan de rehabilitación ajustado a cada persona (Sherer & Novack, 2003; Halalmeh et al., 2024).
Escalas observacionales para la evaluación neuropsicológica en TCE con diasquisis
En la fase aguda, cuando el paciente aún está en recuperación de la conciencia, se utilizan escalas observacionales como:
- La Escala de Coma de Glasgow para clasificar la gravedad,
- la Escala de Recuperación de Coma-Revisada para diferenciar entre estado de vigilia sin respuesta y estado de mínima conciencia,
- y la Escala de Valoración de la Discapacidad para estimar el grado global de discapacidad.
Cuando el paciente puede ejecutar tareas cognitivas, cribados como el Mini Mental State Examination (MMSE) o Montreal Cognitive Assessment (MoCA) ofrecen un panorama general del funcionamiento cognitivo (Torregrossa et al., 2023).
Pruebas más concretas para la evaluación neuropsicológica en TCE con diasquisis por dominios
Cuando se avanza a la valoración específica, se aplican pruebas más concretas para cada dominio:
- Evaluación de la memoria:
- El Test de Aprendizaje Auditivo-Verbal de Rey (RAVLT) explora la capacidad de aprender, retener y recuperar listas de palabras en el componente auditivo-verbal; es útil para detectar aprendizaje lento u olvido acelerado.
- La Escala de Memoria de Wechsler (WMS-IV) ofrece un perfil completo de memoria verbal, visual y de trabajo.
- El Test de la Figura Compleja de Rey-Osterrieth (ROCF) permite observar tanto la memoria visual como la planificación en el copiado de figuras complejas.
- Evaluación de la atención y la velocidad de procesamiento:
- El Continuous Performance Test (CPT-3) permite evaluar la capacidad para mantener la atención y detectar estímulos diana con rapidez.
- El Test de Variables de Atención (TOVA) complementa esta medición al aportar información precisa sobre la respuesta inhibitoria. Por su parte, el Trail Making Test (TMT A/B) valora tanto la atención sostenida y la velocidad de procesamiento como la flexibilidad cognitiva en su versión B.
- Finalmente, el Test de Símbolos y Dígitos (SDMT) constituye una herramienta especialmente útil para examinar la rapidez y exactitud en la asociación visomotora, mostrando gran sensibilidad para identificar dificultades en velocidad de procesamiento y atención (Halalmeh et al., 2024).
- Evaluación de las funciones ejecutivas:
- El Test de Clasificación de Cartas de Wisconsin (WCST) constituye la prueba de referencia para valorar la flexibilidad cognitiva y la capacidad de modificar estrategias frente a cambios en las reglas.
- La Torre de Hanoi permite examinar la planificación y la resolución de problemas.
- El Stroop Test se centra en la inhibición de respuestas automáticas.
- Por su parte, la prueba de Retención de Dígitos en orden inverso resulta especialmente útil para detectar dificultades en la memoria de trabajo.
- Finalmente, instrumentos como el Cuestionario Disejecutivo (DEX-Sp) ofrecen una mayor validez ecológica al identificar las alteraciones de las funciones ejecutivas en la vida cotidiana (Torregrossa et al., 2023).
- Evaluación del lenguaje y la comunicación:
- El Programa Integrado de Exploración Neuropsicológica (PIEN) – Test Barcelona evalúa la denominación, la comprensión verbal de órdenes simples y complejas, la repetición de palabras y frases, y la fluidez verbal (semántica y fonológica). También incluye pruebas de lectura y escritura, lo que permite identificar anomias, dificultades de acceso al léxico y distintos perfiles afásicos. Con ello, ofrece una visión precisa de las alteraciones del lenguaje y orienta la rehabilitación.
- Evaluación de la cognición social:
- El Test de Faux Pas ofrece una medida ecológica de la competencia social y la teoría de la mente; es útil para evaluar la comprensión de situaciones sociales donde alguien tiene una conducta social inapropiada para el contexto.
- Asimismo, las Historias de teoría de la mente, como instrumento de evaluación, resultan especialmente útil para detectar dificultades sutiles en la comprensión social que pueden pasar desapercibidas en test más estructurados. Así, complementan la evaluación de funciones ejecutivas y atencionales al mostrar cómo las dificultades cognitivas impactan en la vida social y familiar cotidiana.
| Dominio | Pruebas |
|---|---|
| Memoria | 1. Test de Aprendizaje Auditivo-Verbal de Rey (RAVLT) 2. Escala de Memoria de Wechsler (WMS-IV) 3. Test de la Figura Compleja de Rey-Osterrieth (ROCF) |
| Atención y velocidad de procesamiento | 1. Continuous Performance Test (CPT-3) 2. Test de Variables de Atención (TOVA) 3. Trail Making Test (TMT A/B) 4. Test de Símbolos y Dígitos (SDMT) |
| Funciones ejecutivas | 1. Test de Clasificación de Cartas de Wisconsin (WCST) 2. Torre de Hanoi 3. Stroop Test 4. Retención de Dígitos en orden inverso 5. Cuestionario Disejecutivo (DEX-Sp) |
| Lenguaje y comunicación | 1. Programa Integrado de Exploración Neuropsicológica (PIEN) – Test Barcelona |
| Cognición social | 1. Test de Faux Pas 2. Historias de teoría de la mente |
Evaluación neuropsicológica flexible en TCE con diasquisis
En la práctica clínica, suele combinarse la aplicación de baterías estandarizadas completas con la selección de pruebas o subpruebas específicas, ajustándose a las necesidades particulares del paciente y a los objetivos del profesional.
La creación de protocolos mediante subpruebas resulta útil en TCE moderado–grave, ya que adapta la duración y exigencia de la evaluación a la fatiga y limitaciones del paciente. Con la integración de resultados, la evaluación neuropsicológica no solo identifica dificultades, sino que permite obtener un enfoque integral de fortalezas y áreas de oportunidad. Este perfil permite guiar de manera más precisa la rehabilitación, priorizando aquello que realmente impacta en la vida diaria de la persona.
Una vez comprendido el perfil cognitivo, el siguiente paso es la intervención neuropsicológica, pero hay que tomar en cuenta que el pronóstico tras un TCE siempre es multifactorial. La edad, la gravedad del accidente, la rapidez con la que se inicia la intervención y el apoyo familiar son variables determinantes (Halalmeh et al., 2024).
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Rehabilitación cognitiva en TCE con diasquisis: estrategias de intervención y seguimiento
En el caso de un TCE, la rehabilitación neuropsicológica se ha consolidado como un pilar en el tratamiento, y hoy sabemos que debe apoyarse en algunos principios clave: integralidad, inicio temprano, personalización y trabajo en equipo (Chantsoulis et al., 2015).
En el artículo de Ramos-Galarza y Obregón (2025) se exponen distintas estrategias de rehabilitación, según el objetivo:
- Restauración: cuando se intenta recuperar directamente la función afectada mediante ejercicios repetitivos y específicos.
- Compensación: donde se entrenan mecanismos alternativos o se potencian funciones que no fueron afectadas para compensar las que sí.
- Sustitución: implica el uso de ayudas externas como agendas, alarmas o dispositivos digitales para suplir dificultades persistentes.
Un aspecto especialmente interesante es el de intervenir no solo sobre la función directamente dañada, sino también sobre aquellas redes deprimidas por la diasquisis. Estimular de forma dirigida estas áreas puede favorecer la reorganización funcional y acelerar la recuperación. Por ejemplo, programas de memoria que incluyen claves semánticas logran mejorar la codificación al aprovechar rutas alternativas de acceso a la información (Halalmeh et al., 2024).
Asimismo, es necesario recalcar el importante papel que juega la plasticidad cerebral, ya que, en muchas ocasiones, permite recuperar en parte la conectividad afectada. Sin embargo, no debemos olvidar que la recuperación no siempre implica “volver a estar como antes”, sino aprender a reorganizar recursos, usar apoyos y reestructurar rutinas para alcanzar la mayor autonomía posible (Torregrossa et al., 2023).
En este sentido, la intervención neuropsicológica no solo busca mejorar las puntuaciones en pruebas de funciones cognitivas, sino también facilitar la reintegración laboral, social y familiar. Al final, lo que más importa no es tanto el puntaje en un test, sino la búsqueda de adaptación de la persona para retomar sus actividades con calidad de vida.
Existen diferentes herramientas para intervención, desde los métodos tradicionales con lápiz y papel, hasta otros más recientes como lo son las herramientas digitales. La evidencia actual muestra que los programas informatizados, la realidad virtual y las plataformas digitales están ganando terreno, ya que permiten diseñar tareas graduadas, personalizadas y con feedback inmediato (Ramos-Galarza & Obregón, 2025).
En los últimos años, la incorporación de plataformas digitales ha transformado la rehabilitación neuropsicológica, ofreciendo entornos interactivos y flexibles que permiten ajustar la dificultad y el tipo de tareas según el perfil de cada paciente.
Una de las más utilizadas es NeuronUP, que proporciona un amplio banco de actividades dirigidas a estimular atención, memoria, funciones ejecutivas y cognición social. En el caso de personas que sufrieron un TCE, este tipo de herramientas ofrece beneficios como:
- El aumento de motivación mediante dinámicas gamificadas.
- Entrenar habilidades en contextos que simulan la vida cotidiana.
- Facilitar el seguimiento del progreso con registros objetivos.
- Dar continuidad a la intervención en personas con diversidad funcional tras un TCE, ya que la rehabilitación puede llevarse a cabo tanto en el entorno clínico como en casa. Esto refuerza la transferencia de los aprendizajes y facilita que la familia participe activamente en el proceso de recuperación.
Por supuesto, la rehabilitación no se limita a lo cognitivo. Incluye también la dimensión emocional, social y familiar, que muchas veces es la más afectada. Modelos holísticos, como el propuesto por Ben-Yishay y Diller, enfatizan la creación de un entorno terapéutico que integre a la familia y promueva una identidad coherente del paciente (Ramos-Galarza & Obregón, 2025).
Conclusión
El TCE no se limita a un único síntoma, sino que suele repercutir en varias áreas: desde la cognición hasta lo emocional y lo conductual. Por eso, la evaluación neuropsicológica resulta tan importante, pues nos ayuda a entender cuáles son las dificultades principales y cómo estas se relacionan con otras repercusiones secundarias. De esta manera, se convierte en la guía para planificar intervenciones más personalizadas y realmente útiles para la vida diaria de cada persona.
La necesidad de profesionales formados en la evaluación e intervención en daño cerebral tras un TCE es indispensable. Con el avance de la tecnología médica y el aumento de la supervivencia tras traumatismos graves, cada vez más personas viven con secuelas crónicas, lo que incrementa la demanda de neuropsicólogos especializados.
No obstante, también deben considerarse limitaciones estructurales. La accesibilidad desigual a servicios de neuropsicología, los costos asociados y la falta de herramientas para personas con dificultades de traslado pueden ser un problema para la rehabilitación. En este sentido, el reto es doble:
- Por un lado, asegurar que los programas de evaluación y rehabilitación neuropsicológica se integren plenamente en los sistemas de salud, garantizando acceso oportuno y cobertura adecuada.
- Por otro, continuar promoviendo el desarrollo de nuevas herramientas diagnósticas y de intervención que refuercen la validez ecológica y faciliten el acceso, tales como NeuronUP.
La intervención en el TCE es un desafío clínico y social; comprenderlo desde la perspectiva de la diasquisis nos recuerda que el cerebro funciona como una red interdependiente y que, tras la lesión, la recuperación implica mucho más que sanar un área puntual. La neuropsicología, con su capacidad para evaluar y acompañar los procesos de reorganización cerebral, se erige como una disciplina central para mejorar los resultados funcionales, prevenir la cronificación de síntomas y favorecer una verdadera reintegración personal, familiar y laboral.
El futuro de la atención en TCE dependerá en gran medida de nuestra capacidad para consolidar a la neuropsicología como pilar imprescindible en el abordaje integral de estas lesiones.
Bibliografía
- Boggs, J., et al. (2024). Metabolic diaschisis after TBI. Neuroscience Letters.
- Carrera, E., & Tononi, G. (2014). Diaschisis: past, present, future. Brain, 137(9), 2408–2422.
- Chantsoulis, M., et al. (2015). Neuropsychological rehabilitation for traumatic brain injury patients. Annals of Agricultural and Environmental Medicine, 22(2), 368–379.
- Halalmeh, D. R., et al. (2024). The role of neuropsychology in traumatic brain injury: Comprehensive literature review. World Neurosurgery, 183, 128–143.
- Le Prieult, H., et al. (2017). Transhemispheric diaschisis in TBI models. Journal of Neurotrauma.
- Ramos-Galarza, C., & Obregón, J. (2025). Neuropsychological Rehabilitation for Traumatic Brain Injury: A Systematic Review. Journal of Clinical Medicine, 14(4), 1287.
- Sarmati, A. (2022). Diaschisis revisited: clinical implications. Neuropsychologia.
- Sherer, M., & Novack, T. A. (2003). Neuropsychological assessment after traumatic brain injury in adults. Psychology Press.
- Torregrossa, W., et al. (2023). Neuropsychological Assessment in Patients with Traumatic Brain Injury. Biomedicines, 11(7), 1991.
Preguntas frecuentes sobre la evaluación e intervención de TCE con diasquisis
1. ¿Qué es la diasquisis tras un traumatismo craneoencefálico?
La diasquisis es una desconexión funcional de redes cerebrales tras un TCE, que reduce la actividad en regiones alejadas de la lesión directa. Por ello, los síntomas pueden no corresponder a la localización anatómica y afectar memoria, atención, velocidad de procesamiento, funciones ejecutivas y cognición social.
2. ¿Qué aporta la neuroimagen para detectar diasquisis en TCE?
La resonancia magnética funcional (RMf) y la imagen por tensor de difusión pueden mostrar disrupciones de sustancia blanca y conectividad entre regiones. La tomografía por emisión de positrones (PET) puede revelar hipometabolismo remoto compatible con diasquisis. Estas técnicas ayudan a caracterizar el daño y a monitorizar cambios, orientando objetivos de rehabilitación.
3. ¿Cómo se estructura la evaluación neuropsicológica en TCE con diasquisis?
En fase aguda se usan escalas observacionales (Glasgow, Recuperación de Coma-Revisada, Valoración de la Discapacidad). Cuando el usuario puede realizar tareas, se aplican cribados (MMSE, MoCA) y luego pruebas por dominios. Suele combinarse batería completa con subpruebas, ajustando duración a fatiga.
4. ¿Qué pruebas evalúan memoria y atención tras TCE?
Para memoria se emplean RAVLT, WMS-IV y la Figura Compleja de Rey-Osterrieth. Para atención y velocidad de procesamiento se usan CPT-3, TOVA, Trail Making Test A/B y SDMT. La selección depende de la fase, el nivel de conciencia y los objetivos clínicos.
5. ¿Cómo se rehabilitan funciones ejecutivas y cognición social?
La rehabilitación se basa en integralidad, inicio temprano, personalización y trabajo en equipo. Puede buscar restauración, compensación o sustitución con ayudas externas. También puede estimular redes deprimidas por la diasquisis para favorecer reorganización. El objetivo es mejorar autonomía y reintegración social, familiar y laboral, no solo puntuaciones.
6. ¿Qué limitaciones y riesgos considerar en la rehabilitación post-TCE?
El pronóstico es multifactorial (edad, gravedad, rapidez de intervención y apoyo familiar). Deben considerarse fatiga, limitaciones emocionales y barreras de acceso (costes, traslado, disponibilidad de servicios). Las herramientas digitales y la intervención en casa pueden apoyar el seguimiento, pero conviene coordinarse con un equipo clínico.







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