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Cerebro y fobias: ¿Cómo se relacionan?

Hombre asustado. Cerebro y fobias: ¿Cómo se relacionan?

¿Sabes cómo nacen las fobias?, ¿Podrías identificar si sufres una? o ¿Cómo se eliminan? La neuropsicóloga Cintia Martos nos explica las principales características de las fobias y la relación entre cerebro y fobias.

¿Qué son las fobias?

Un fobia se define como un miedo intenso que aparece de forma inmediata ante un objeto o situación concreta. Las fobias más habituales suelen ser a ciertos animales o insectos. También, dentro de las fobias más comunes están el miedo a volar, a las alturas, a las inyecciones o a la sangre. Sin embargo, las situaciones y objetos fóbicos pueden ser infinitamente variados.

Aunque el miedo debería tener como fin protegernos, en las fobias se convierte en algo desadaptativo que puede llegar a ser un impedimento para nuestras actividades diarias. Al igual que los miedos, las fobias también se aprenden, acompañándose de cambios plásticos en el cerebro que se producen de forma muy rápida. Así mismo, estos cambios son muy resistentes a la extinción, pues el organismo interpreta que su supervivencia estaría en juego si el miedo cesara.

Características: señales de que sufres una fobia

Según los criterios diagnósticos del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales V (DSM-V), las fobias presentan las siguientes características:

¿Cómo nacen las fobias?

El miedo y la ansiedad tienen un origen biológico, es decir, son respuestas evolutivas cuyo fin es detectar o anticipar un peligro. El miedo se acompaña de cambios autonómicos y endocrinos que preparan al organismo para reaccionar al peligro (peleando, huyendo o inmovilizándose) con el objetivo de aumentar la probabilidad de supervivencia.

Sin embargo, este miedo puede ser desadaptativo, como sucede en el caso de las fobias. Ya que, además de no contribuir significativamente a la supervivencia, puede generar dificultades en nuestra vida diaria.

Los organismos tienen miedos innatos, es decir, que pueden surgir desde el nacimiento sin que lo hayan aprendido con la experiencia. Por ejemplo, los estímulos dolorosos o muy intensos, como los sonidos fuertes. No obstante, a medida que los seres vivos van conociendo el mundo, se van percatando de la existencia de situaciones aversivas y peligrosas. Poco a poco van aprendiendo cuáles son y dónde suelen aparecer para evitarlas o enfrentarlas eficientemente. Este miedo aprendido sigue siendo adaptativo, pero puede volverse desadaptativo como ocurre en las fobias y trastornos de ansiedad.

Condicionamiento pavloviano

Cuando un estímulo neutro, como un sonido, se acompaña de un estímulo aversivo, el estímulo neutro que al inicio no significaba nada desencadenara en provocar miedo por si mismo en el sujeto.  Por ejemplo, cuando un sonido va acompañado de una descarga eléctrica. Esto ocurre porque se almacena rápidamente en la memoria la conexión sonido-descarga eléctrica, apareciendo la respuesta de miedo en cuanto se escucha el sonido. El aprendizaje del miedo suele explicarse a través de este condicionamiento.

El condicionamiento del miedo es un proceso muy rápido y poderoso. Es más, una sola presentación de dos estímulos de este tipo ya puede establecer el aprendizaje del miedo en la memoria.

Teoría de la preparación biológica

Según la Teoría de la Preparación Biológica de Martin Seligman, las fobias aparecen por un grupo de asociaciones biológicas que el organismo está dispuesto evolutivamente a aprender de forma rápida y persistente. Así, el condicionamiento a estímulos de miedo relevantes como serpientes, arañas, expresiones faciales de miedo o enfado o rostros de otros grupos sociales, es más resistente a la extinción y puede fijarse sin que el individuo sea consciente de ello.

Una vez aprendido, el miedo condicionado puede permanecer durante toda la vida. Sin embargo, las respuestas de miedo pueden debilitarse o eliminarse con experiencias que demuestren que ese estímulo ya no predice el peligro.

Relación entre cerebro y fobias

El proceso de adquisición de las fobias tiene unas bases cerebrales. Nuestro cerebro es plástico, es decir, cambia según nuestros hábitos y aprendizajes. Cuando se produce el condicionamiento del miedo, éste se acompaña de cambios moleculares y estructurales en ciertas neuronas.

Estructuras cerebrales en la relación entre cerebro y fobias

Amígdala

La principal estructura cerebral implicada en las fobias es la amígdala. Esta estructura esta asociada comúnmente a las emociones, sobre todo, al miedo. En ella, se establecen las conexiones entre el estímulo temido y el contexto que lo acompaña. Además, desencadena respuestas de activación del organismo para que reaccione rápidamente al peligro.

Es un área cerebral pequeña en forma de almendra situada en el interior de nuestro cerebro que forma parte del sistema límbico (sistema emocional). La amígdala es una estructura compleja que contiene varios grupos de neuronas, cada uno de ellos con funciones específicas y conectados entre sí.

La amígdala lateral

Es la que recibe toda la información sensorial (visual, auditiva, táctil…) y la vincula con el estímulo temido. Además, se ha demostrado que esta información puede viajar por “dos caminos” o dos entradas sensoriales diferentes. En primer lugar, la vía talámica. Esta es la vía más corta que transmite información rápidamente y de forma imprecisa. En segundo lugar, la vía cortical, donde se produce una representación más compleja, elaborada y consciente del estímulo externo.

En esta área es donde se producen los principales cambios sinápticos en el aprendizaje de la fobia. Las conexiones neuronales se fortalecen a medida que se establece el condicionamiento del miedo.

El núcleo central de la amígdala

Se encarga de enviar la información procesada a áreas del tallo cerebral, que controlan la expresión de las respuestas de miedo como la inmovilización. De esta forma, se activan los sistemas adrenérgicos, serotoninérgicos, dopaminérgicos y colinérgicos que ocasionan cambios endocrinos y autonómicos típicos del miedo.

El núcleo basal

Es el que recibe información del hipocampo, la corteza entorrinal y las áreas de asociación polimodal. Así mismo, esta zona de la amígdala almacena información sobre el contexto ambiental donde la amenaza se produjo. Por esta razón, sentimos miedo en lugares donde ha aparecido un estimulo fóbico en el pasado, aunque en ese momento no este presente. 

Las células intercaladas

Grupo de neuronas gabérgicas, es decir, inhibitorias. Pueden inhibir las respuestas de miedo “bloqueando” la información desde la amígdala lateral y basal hasta el núcleo central. Por ejemplo, ante una falsa alarma.

Estudios interesantes sobre el cerebro y fobias

Mediante estudios con animales se ha demostrado que, si se estimula el núcleo central de la amígdala, se pueden desencadenar diferentes componentes de la respuesta de miedo. En cambio, si se lesiona esa área, disminuye el miedo ante estímulos condicionados. Además, el sujeto no puede establecer nuevos miedos.

Por otro lado, si la lesión ocurre en el hipocampo, que es la zona que envía información a la amígdala sobre el lugar donde apareció el estímulo temido, sólo desaparecería el miedo al contexto, pero no al estímulo.

En cuanto a la actividad cerebral en las fobias, en un estudio de Schienle& cols. (2005), se encontraron diferencias entre las personas con fobia a las arañas y las que no tenían esta fobia mientras observaban imágenes de estos insectos y otras neutrales. Los fóbicos mostraban mayor activación en la amígdala, la corteza de asociación visual, el hipocampo derecho y la corteza prefrontal dorsolateral derecha. Esta última área parece asociarse al procesamiento de emociones negativas. También, se observó activación en el área motora suplementaria (que se vincula a la preparación y motivación para el movimiento). Además, cuanto más desagradable se consideraba una imagen, mayor actividad en la amígdala se encontró.

Un metaanálisis publicado en 2012 destacó la hiperactividad en la ínsula (además de en la amígdala) de sujetos fóbicos. Ambas estructuras se relacionan con respuestas emocionales negativas.

Eliminar una fobia teniendo en cuenta la relación entre cerebro y fobias

Una fobia puede extinguirse a través de exposiciones repetidas al estímulo temido en un contexto neutro o seguro. Poco a poco, se va aprendiendo que el objeto o evento fóbico ya no significa peligro. Esta es la base de la que parten las efectivas terapias de exposición.

Todo ello posee un sustento cerebral, ya que se ha demostrado que la extinción del miedo se relaciona con una interacción entre la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal medial.

Referencias

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